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jueves, 8 de octubre de 2015

Personalismos



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Casi cuarenta años después, mi compañero (“y sin embargo amigo”, haciendo mía la coletilla con tos de Alfonso Sánchez) Oti Rodríguez Marchante ha sido reconocido y abrazado en Sitges (llenos de hijos los dos) por Lorenzo, el mítico “cerbero” de Rock-Ola, donde Oti se colara como una anguila para estar con Las Vulpes.
No es grano de anís que un español burlado en la puerta de Rock-Ola el día de Las Vulpes abrace al burlador en son de pelillos a la mar de Sitges, donde, por cierto, los perrillos cuzcos de Dzerzhinski han roído el azulejo de Ruano.

Ojalá la vida española tuviera hoy, que es Lepanto, la grandeza de Lorenzo.

En España, todas las movidas son personales.

Si quieres portada y editorial, fusiónate con Ciudadanos –dice Rosa Díez que le dijo el director del periódico global en un encuentro bastante menos glamuroso que el de Lyndon B. Johnson con la Dama del Post, Katharine Graham.
¡Si quieres portada y editorial, aplaude a Piqué en Logroño, c…!
En Francia el Estado era Luis XIV. Aquí el Estado puede ser cualquier español. “Demos por milagrosa toda la gestión de la dictadura –decía ABC en el 28–. ¿Y qué? Todos esos bienes materiales no nos consuelan de la situación en que nos coloca ante el mundo. Las otras dictaduras son impersonales. Nuestra dictadura es un apellido, una persona.” A lo que la Censura respondía con esta Nota de inserción obligatoria: “Vuelve a insistirse en el error de que la dictadura es personal. Precisamente es en la de España, entre todas las dictaduras, donde cada ministro destaca más su personalidad”.

En Francia, Madame Roland se pasó a la Revolución porque en Palacio la recibían en el cuarto de los criados. En España, Unamuno se hizo republicano porque en Palacio le aplazaron “sine die” una audiencia. Y en la globalización, Chávez coqueteó con el 15M contra la Monarquía en recuerdo, seguramente, del “por qué no te callas”.

–¿Y Pedraz y Zapata, qué? ¿Ministros? –diría el abuelo de Majaelrayo.