lunes, 31 de marzo de 2025

Y al séptimo día descansó



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Al acabar la obra que hizo, que fue crear la luz, las montañas, los mares, el sol, la luna y las estrellas, la vida vegetal y animal y, finalmente, la humanidad, incluso Dios, según el Génesis, reposó, cosa que los futbolistas del Real Madrid no podrán hacer este año ni el que viene, pues del Mundial de clubes irán, tarde, a la Liga, a la Champions y al Mundial de selecciones nacionales, y a ver cómo Pintus ata esa mosca por el rabo. En el peor de los casos, que todo se perdiera y hubiera que prescindir de Ancelotti, no se podría, por la imprudencia que supone cambiar de caballo en mitad del río.


No volveremos a jugar con menos de 72 horas de descanso –dijo Ancelotti tras el reventón físico del equipo en Villarreal.


Uno de los Palpatines del Régimen aprovechó la declaración para acusar a Ancelotti de convertirse en un “Mourinho 2.0” para desarrollar “una estrategia de mala fe trazada para desprestigiar el campeonato nacional”. Son los mismos Palpatines que, para no decir España, llaman “la Roja” al Combinado Autonómico, y que niegan la condición de nación a España porque la única patria que hay, porque a las logias les sale de los dídimos, es la Uropa creada en su día por la Fundación Ford. En resumidas cuentas: no hay más patria que Uropa ni más nación que la Liga que un día pastoreó Negreira, una competición tan seria que no paró el 11M (¡cómo olvidar el rubalcabesco agit-prop radiofónico durante aquel Real Madrid-Zaragoza del sábado, 13 en el Bernabéu!), pero tan humanitaria que suspende un partido por defunción del médico de uno de los clubes.


La importancia del descanso se notó a raíz de la eliminatoria europea Atlético-Real con prórroga en el Estadio Riyadh Air Metropolitano: el Barcelona le remontó al Atlético un 2-0 con autogol de Reinildo convertido en gol mítico del nuevo Oliver Twist del Relato, que tituló como si Franco hubiera pescado el “campanu”: “Un talento único, un jugador diferencial: así ganó Lamine Yamal el partido en el 93. La estrella del Barcelona se sacó un latigazo desde lejos cuando el partido parecía que estaba destinado a repartir un punto para ambos equipos”. Esta invocación no la mejora Machado en su canto “A Líster, jefe en los ejércitos del Ebro”, con el tremendo terceto “de monte a mar, esta palabra mía: / ‘Si mi pluma valiera tu pistola / de capitán, contento moriría’”, que da a entender que la batalla del Ebro la ganó el pobre cantero gallego.


El Atlético renovó su leyenda de Pupas en una semana que le privó del doblete Champions-Liga con dos jugadas agónicas de doble toque: el gol del 93 con toque de Lamine y de Reinildo en Liga, y el “julipenal” por resbalón de Julián Álvarez en la tanda de penaltis en Champions, apostrofado por un cómico del arbitraje, Iturralde, que aplica al golpeo de Álvarez la doctrina del simultaneísmo, ismo inventado por Delaunay y popularizado por Apollinaire, el poeta que quiso lanzar, sin éxito, un “arte del tacto”, y que escribió: “Arrojando su tinta al cielo, / sorbiendo la sangre de aquél a quien ama, / y encontrándola deliciosa, / este monstruo inhumano soy yo mismo”, muestra de un talento literario muy superior al de Iturralde, que posee el secreto para evitar la infracción en el lanzamiento de penalti: golpear el balón con los dos pies a la vez, como en las carreras de sacos.


La llamada “competición nacional”, ésa que Ancelotti trataría de “desprestigiar” exigiendo un descanso mínimo de 72 horas, parece definitivamente pastoreada (Barcelona, Real y Atlético), y bien haría el Madrid en no dejarse más pelos en semejante gatera, aunque a Mbappé no se le caiga de la boca el triplete. Y lo que vale para la Liga, vale para la Copa, donde tiene la excusa perfecta (descanso mínimo de 72 horas) para evitar la mosca en la sopa europea que supondría nada menos que un derbi o un clásico en una final colocada entre eliminatorias de Champions.


Champions, Mundial y que no nos coloquen a Zubimendi por Vitinha.


[Sábado, 22 de Marzo]