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jueves, 11 de abril de 2019

Entrenadores

La mirada del VAR


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Tengo la impresión de que al llegar a las eliminatorias directas de la Champions es cuando la mano de los entrenadores más se hace notar y lo espectacular del fútbol deja paso a la emoción, que no es poco. Ni qué decir tiene que con la mejor de las intenciones aunque a veces el excesivo estudio de posibles situaciones nos parece que lleven a la confusión de los onces que disputan las batallas decisivas. A Valverde no se le acaba de perdonar la disposición azulgrana en Roma y por eso los críticos tienen la mosca tras la oreja con ese recular en Manchester por mucho que  uno crea que “la táctica” fue más determinación en la prudencia que miedo al rival. Solskjaer sacó a los suyos a defender como si no fueran los herederos de un equipo legendario. Pensaba el noruego que con cinco atrás y constante presión en el medio es el único modo de sorprender al Barça. Además su equipo cuenta con Rashford y Lukaku, dos flechas preparadas para ser disparadas. Al entrenador del Manchester se le estropeó el planteamiento antes del cuarto de hora cuando Luis Suárez aprovechó uno de esos cheques al portador que Messi garantiza en cada partido y como todo lo había fiado a la inviolabilidad de De Gea y a la velocidad de sus puntas, la nueva situación le pilló sin respuestas porque entre otras cosas tenía a los manijeros más solventes lesionados y Pogba es Pogba, un sujeto impresionante en lo físico que juega muy bien con Francia a veces, y a veces, pocas, muy bien con el United. El Barça, pragmático, se dedicó a practicar ese rigor defensivo que pretende todo entrenador que se precie y el central Piqué se consagró en el mejor jugador del partido, tan por encima del resto que hasta ganó una carrera a Rashford y la complacencia del Txingurri.
     
El otro partido que vi fue el Tottenham-City en el que eché en falta de primeras al pelirrojo De Bruyne, no sé si por estar el belga tocado o por decisión técnica a la que Guardiola llegó comparando las “prestaciones” de Gundogan maridadas con el efecto sorpresa del energético Mharez y un complemento ideal con Delph en el flanco izquierdo. Insondables cavilaciones que suelen atacar a los entrenadores en determinadas fechas. No obstante se le puso muy de cara el partido a los de Manchester, favoritos de largo, cuando el VAR pitó un penalty que nadie vio en Londres, ni siquiera Guardiola y su equipo y que en el fútbol de antes del VAR no pasaría de una jugada de mano involuntaria. El fallo de Agüero en el lanzamiento no alteró el tedioso respeto en el que transcurrió el partido hasta que Son, ese coreano alto asumió la responsabilidad del gol encomendado al herido y evacuado Kane con una maravilla técnica hecha  diablura sobre la cal de la línea de fondo más propia de delanteros culibajos como el mismo Agüero que del futbolista atlético y vigoroso que nos parece Son. 
    
 Eliminatoria incierta la de los ingleses emparejados que puede disgustar lo suyo en Manchester. El Liverpool parece tenerlo casi hecho y sólo el Ajax es del todo imprevisible, pues aunque parece eliminado ante una Juventus que se dejó dominar en Amsterdam a la espera de la oportunidad de un Cristiano que nunca defrauda y que marcó el 0-1 entrando en el área como el tiburón asesino de Spielberg, es el único equipo que da la sensación de no especular ni jugar mediatizado por el sistema rival. Como son buenos y capaces de jugar como los ángeles, si les sale el día, mejor la noche, el disgusto de Allegri, entrenador amarrategui camuflado con la ayuda de una prensa cómplice con sus tácticas, y los turineses puede ser morrocotudo.
      
Les confieso que a servidor le gustaría que pasara el Ajax. Debo a ese equipo momentos extraordinarios.
    
 De todos modos que a quien Dios se la dé, San Pedro la bendiga.