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jueves, 7 de enero de 2016

Caca, culo, pedo, pis... La última portada de Charlie Hebdo



Jean Palette-Cazajus

La Conferencia Episcopal de Francia ha declarado que no pensaba «comentar aquello que solo pretende provocar». Más o menos lo esperado. Más sorprendente ha sido la declaración del Presidente del CFCM, Consejo Francés del Culto Musulmán, el cual ha dicho que «la libertad de expresión debe ser total».

Yo diría que Dios solo existe en quienes creen en él, pero comprendo que haya quien discrepe. Al menos estaremos de acuerdo en que las religiones no se pueden imaginar fuera de sus creyentes, lo cual significa que los hay bobos y los hay listos. Pensé muchas cosas sobre la portada, pero lo primero fue que era un desastre y que sólo podía chinchar creyentes de nula densidad neuronal.

Por eso me quedé perplejo cuando me llamó indignada una amiga española, inteligente y agnóstica ,para decirme que la portada era una agresión al Dios de los cristianos, el cual llevaba tiempo sin asesinar. Mi amiga, como buena española, confunde fácilmente cristianismo con catolicismo y propende también, al igual que otros excelentes amigos, a considerar España difícilmente concebible sin, no digamos la religión, al menos la civilización católica.

Mi fundamental interés por la dimensión simbólica me llevó, en su tiempo a documentarme mínimamente sobre iconografía cristiana. Sin embargo. mi primera reacción, aparte de la descarada sensación de evidente «espantá» ante el verdadero “barrabás”, fue que se habían escudado detrás de una caricatura del Dios de los monoteísmos. Creo que ha sido la sensación general en Francia. La llamada de mi amiga, las opiniones sucesivas de Herman Tertsch y de Ignacio Ruiz Quintano me convencieron de que ellos llevaban la razón. 

Otra prueba la tuve esta tarde, leyendo la opinión, crítica con la portada de una excelente periodista judía, Elisabeth Lévy, que, aparentemente ignorante de la simbología trinitaria del triángulo equilátero, se preguntaba por qué diablos, el dibujante, había representado a un Dios... ¡masónico !

Vayamos al grano. Uno de los malabarismos más apreciados de Heidegger es aquél que le permite evocar la ausencia del Ser como la forma más densa de su Presencia. Nunca ha estado tan presente la evocación del Dios de los musulmanes como en esta tragicómica manera de rehuir su representación. 

Se entiende la “espantá”. Fueron 12 asesinados, entre ellos 5 de los mejores dibujantes del medio siglo. La entienden los franceses, todavía dominados por un sentimiento de “sidération”, la palabra de moda estas últimas semanas. Describe una mezcla de estupor y tetanización. El total dislate del dibujo revela una situación dramáticamente aporética. Islamismo violento e Islam, moderado, o pacifico o “ciudadano”, caso de que existan, se entretejen de tal manera en las barriadas y las propias familias francomusulmanas que los artificieros no saben nunca si su intervención va a desactivar la bomba o potenciar su deflagración. “Pas d'amalgame” es la expresión de moda. No mezclemos churras con merinas.

“Charlie Hebdo” vino a sustituir en 1970 a “Hara Kiri”, al que el gobierno de la época dio un capón tras publicar una portada considerada irrespetuosa y que hoy parece inocua, sobre la muerte de De Gaulle. “Hara Kiri” se definía como “el periódico tonto y malvado”. Vivían de “épater le bourgeois”, escandalizar al burgués. “Charlie” perpetuó la tradición, politizándola en una dirección posmayo del 68. Minado por constantes cismas y herejías varias, no vendía más de 30.000 ejemplares en el momento de los atentados y no escandalizaba ya ni a las monjitas de la caridad. Consiguió un excepcional pico de 400.000 ejemplares cuando tuvo el valor de publicar las caricaturas danesas de Mahoma inicialmente aparecidas en el Jyllands Posten. Lo que les valió la fatal Fatwa por parte de los bárbaros. 

Tras la imperdonable tragedia, lo que quedó de una pandilla de niños maleducados, a veces saludable piedra en el zapato, y otras, tonificantes polvos de picapica, ha visto cómo quedaban entronizados en el templo dórico de la libertad de expresión. Andan muy enanitos entre monumentales columnas, capiteles y tímpanos. Pero esto no es lo peor.

Las únicas culturas históricas han sido las de Occidente, desde hace más de 2500 años. Primero porque nadie se ha autorrelatado de esta manera. La relación con el tiempo no ha sido comparable bajo otros cielos, ni siquiera en la China tradicional o el Japón. Pero el Islam parece querer seguir viviendo fuera del tempo histórico. El mal chiste del sedicente califato pretende así anclarse en no se sabe bien qué soñado siglo I de la Hégira, séptimo nuestro. Nuestra historia, vivida modernamente como próspera travesía prometida al puerto, se descubre, de repente, con el compás mareado y a punto de naufragar. 

Para seguir navegando sin tocar fondo, sin estrellarnos sobre el escollo, no tenemos más remedio que seguir diciendo “Je suis Charlie”. “Charlie” es nuestra sonda, nuestra aguja de marear ¡Qué desastre!