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jueves, 17 de abril de 2014

La final

Pinto

Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
 La final no fue un gran partido de fútbol, pero tuvo la emoción que mantiene al forofo en un sinvivir y al aficionado neutral a la espera del ramalazo genial de las estrellas.

    El Barça tiene un problemón en retaguardia con un portero extravagante que espantaría clientes si fuera vendedor -no hay mas que ver cómo se peina-, con un dos maleducado y con cabeza llena de pájaros -no hay más que ver cómo viste de paisano-, con el primer central que es centrocampista -no hay más que ver lo mal que faltea- y con el segundo despreciado incomprensiblemente -no hay más que ver cómo le han ninguneado los entrenadores-. A partir de la defensa, los futbolistas son muy buenos, pero Xavi se ha hecho mayor, y ni Cesc e Iniesta juntos son la mitad que Xavi, dicho sea con perdón y con todos los respetos. Messi parece un ausente aquejado de melancolía, al tiempo que Neymar juega por imperativo legal en la derecha, zona que se le hace tan intempestiva que no es capaz de burlar ni al sospechoso Coentrao, generándole un desquiciamiento que cualquier día de éstos va a dar que hablar.

      Ganó el Madrid porque planteó mejor el partido. Porque no se obsesionó con Messi. Porque Di María, Isco -qué gran siervo si hobiese buen señor-, Benzema y Bale pueden  grabar en piedra la mejor interpretación del contraataque desde los tiempos de Eugenio Leal y porque Dani Alves últimamente parece ayudar en demasía al enemigo. El sprint de Bale tiene mucho de espectacular, pero con 1-1 y a falta de tan poco, al galés no puede vérselas con tan sólo un inexperto medio cojo. Dani Alves andaba husmeando margaritas sin comprender que el entrenador Ancelotti algo perseguía colocando al más rápido en su lindera. A Dani Alves le robó Isco un balón que valió para el 1-0 y abandonó al compañero lastrado por herida reciente en el que dio el título al Real Madrid. El entrenador Martino debe entender que Dani Alves no asimila tácticas y que Montoya está preparado.

    Sin Cristiano y sin Messi, Bale y Neymar fueron los elegidos para decidir una final que no será recordada mas que por la estadística. Bale hizo lo que se espera de él en días comprometidos. Neymar mandó al poste lo que se puede perdonar ante el Celta o el Rácing de Santander pero no en una final . Los grandes jugadores están abocados a perder prestigio si no resuelven lo fácil en los partidos decisivos, y no ha de valer como disculpa para la Copa de ayer la potra de Casillas.
    
¿Fin de ciclo culé? Pues va a ser que si. A no ser que se busquen centrales medio apañados y vuelva un entrenador europeo que no confunda despacio con parado.