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jueves, 13 de agosto de 2009

CAMBA EN SAN SEBASTIÁN

Julio Camba por Bagaría



UNA CIUDAD SIN TEMAS LITERARIOS


Por Julio Camba

17 de Septiembre de 1917


Los escritores solemos dirigirnos a “el lector”, poco más o menos, así como los criados se dirigen a “el señor”. Desgraciadamente, este concepto de “el lector” es demasiado vago. Por lo general, el lector tiene una personalidad multiforme y a veces carece de existencia. Si el lector –este lector de quien hablamos tanto los escritores– fuese una realidad concreta y tangible, entonces yo me dirigiría a él y le diría:


–¿Qué artículo de San Sebastián quiere usted que yo le haga? ¿El de la lluvia? ¿El del jugador? ¿El de las pulgas? ¿El de la Concha? ¿El del objeto perdido? ¿El de la misteriosa extranjera...?


Porque en San Sebastián no hay arriba de doce temas para artículos. Los corresponsales madrileños que vienen aquí hacen las mismas crónicas cada temporada. Yo conozco a un compañero que lleva ya quince sobre la lluvia. Es un especialista.


¿Cómo se explica el que esta municipalidad, tan adelantada en otras cosas, no se haya cuidado nunca de darle temas a los escritores? Tal abandono es verdaderamente lamentable. Una ciudad de placer que no varía sus temas literarios, una playa que no renueva sus crónicas, está condenada a muerte. Toda la literatura de San Sebastián resultará una cosa trasnochada tan pronto como, a orillas del Cantábrico o del Mediterráneo, se levante otro gran Casino con nuevos temas para los cronistas. Los periódicos madrileños se apresurarán a mandar allí la nube de corresponsales que ahora envían a San Sebastián. Al artículo de la lluvia sucederá el artículo del sol o del relente; la crónica de las pulgas será substituída por una sobre las chinches o sobre las cucarachas. ¡Qué placer para los periodistas y para los lectores de periódicos! Será una transformación literaria comparable tan sólo al advenimiento del romanticismo. Los veraneantes afluirán en masa a la nueva playa de moda y San Sebastián desaparecerá del mundo como centro de placeres.


Yo he llegado a San Sebastián hace varios días. Mi querido Fernández-Flórez estaba todavía aquí.


–Supongo –le dije– que me habrá dejado usted algún tema disponible, aunque sea de segundo o de tercer orden.


Fernández-Flórez se rascó la cabeza.


–Veamos, veamos –insistí yo–. Ha hecho usted ya el artículo de la lluvia, el del Casino, el de las pulgas...


Los había hecho todos, y, además, los había hecho de un modo admirable. Como yo hubiese querido hacerlos, precisamente.


–Voy a tener que volverme a Madrid –pensaba yo.


En esto transponíamos las puertas del Casino, y yo observé que el portero era tuerto.


–¡Qué coincidencia! –exclamé–. Este portero tuerto, aquí donde se juega tanto el dinero... ¿Es que habrá todavía en San Sebastián una crónica por hacer?


Pero Fernández-Flórez ya había hablado también del portero tuerto...


El Municipio de San Sebastián creerá, sin duda, que esto de los temas literarios es cosa de los escritores; pero San Sebastián no tardará en sufrir las consecuencias de tan profundo error. Yo creo que es cosa de los concejales, del Casino, de las sociedades de atracción de forasteros, de las comisiones de festejos, etc., etc. Estas entidades debieran renovar cada temporada los temas periodísticos de San Sebastián, a fin de que ningún corresponsal permaneciera aquí ocioso. Más que de dinero se trata de organización. Con seis temas inéditos por temporada, San Sebastián podría ir tirando todavía.


(Del libro Maneras de ser español, de Luca de Tena Ediciones)