jueves, 3 de abril de 2025
miércoles, 2 de abril de 2025
Hughes. Real Madrid, 4; Real Sociedad, 4. Virutas de optimismo en el carajal
Hughes
Pura Golosina Deportiva
Pude ver muy tarde y en condición bostezante el partido contra la Real. Sin orden (como si me entrenara Ancelotti) dejaré algunas impresiones.
Tampoco sería tan crítico con don Carletto. Al fin, vimos los habituales problemas estructurales, pero acrecentados por el momento, un partido después del parón de selecciones, de Copa además (aire destemplado característico), en el que nadie, ni futbolistas ni aficionados, estaba del todo apasionado por la idea de pasar. El calendario invita a ver la final de Copa como una trampa, la enésima, al Madrid europeo.
Los jugadores no estaban, algunos medio estaban, y otros acabaron estando; en conjunto, no me pareció tan mal.
Por ejemplo, el partido sirvió para conectar a Vinicius, que andaba un poco despistado. Acabó siendo la fuerza devastadora que sólo recibe errores arbitrales, invitaciones al traumatismo, asombro reticente (los oh del que le critica) y volvió a estorbarse con Mbappé, al que sabiamente ha decidido ceder el paso en el ascensor.
Un querido amigo, con el natural ventajismo del aficionado, me escribió para recordarme que Camavinga no es lateral izquierdo. Y yo, pensando en el partido, y considerando que hasta pudo ser expulsado, dentro de lo malo no lo vi tan mal. En la primera parte contuvo a Kubo. En la segunda, con Vini desatado y el desparrame general, Camavinga quedó muy solo y muy ido. Sigo pensando que puede ser una opción en partidos de concentración alta. Con Valverde de lateral derecho y Ceballos-Tchouaméni en el medio, si Mendy falla o hay que revolucionar, sigo viendo esa opción como plus ultra erótico festivo. El una vez definitivo de la Marvel Flo.
Scholes contó una vez que los laterales que se metían en el centro del campo eran un insulto al centrocampista, que debía gritarles: ¡fuera de aquí! Pero si el que llega es un mediocampista total, ¿qué diría Scholes?
No 'me bajo' de Camavinga. Camavinga estaba muy bien antes del parón . Jugó minutos buenísimos de gran concentración y el insoportable paréntesis de las selecciones y esta verbena copera lo han sacado del sitio. Pero aquí prefiero mirar la tendencia: el Camavinga de la primera parte y el Camavinga pivote antes del dichoso parón.
Y si miramos así lo de ayer, vemos que Güler aprovechó para responder a una pregunta antigua. Todo el partido puede verse como un accidente (un tremendo caos ancelottistico) para que Vinicius se enchufara a la corriente y para que Güler apareciera en la media, eso que esperábamos ocurriera en algún momento aislado tras la lesión (importantísima) de Ceballos.
Ya contra el Leganés, Güler jugó distinto : aseguró el pase, pases que sin ser malos contenían otra meditación. Eran pases que sumaban valor, pero planteados desde un punto de vista distinto. Con todo, provocó un penalti (o penaltito). Y ayer, contra la Real, acabó siendo mediocampista, casi mediocentro, moviendo al Madrid de banda a banda. Él sacó el córner del gol de Rudiger. Así que fue un poco Kroos.
Apareció el Güler mediocampista, asomó un Güler posible, pues así, completando su juego, adensándolo, madurándolo, tendiendo al mediocampismo, Güler tiene más futuro en el Madrid.
Estas son impresiones optimistas. ¿Por qué este optimismo? Hay algo en este Madrid cogido con alfileres de Ancelotti que, como un subtexto o como un bajo casi inaudible, habla de evolución. De idea que se toma y se retoma pero que está.
Me asomo al caballete del viejo pintor y... yo veo un paisaje aún.
Habría más que decir, pero otro día. Tanta prórroga quita mucho tiempo. Si sumamos las horas que al final de un año pasamos con Carlos Martínez y Juan Carlos Rivero, sentiríamos muy cerca la tentación del suicidio.
Muñoz
Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural
Fruto seguramente de su dirección del Cervantes de Nueva York, Muñoz Molina deja caer en sus artículos explicaciones en inglés, aunque confunda frases del Oso Yogui con ocurrencias del beisbolista Yogi Berra, cuya esposa, Carmen, le dijo un día: “Yogi, tú eres de St. Louis, vivimos en Nueva Jersey y juegas al béisbol en Nueva York. Si te fueras antes que yo, ¿dónde te gustaría que te enterraran?”
–¡Sorpréndeme! –respondió Yogi.
Muñoz Molina, el novelista que escribió “cenamos opíparamente”, para guasa de Umbral, vive en plena manía adolescente de sorprender con descubrimientos. Primero descubrió que Ruano era un “escritor fascista” –de ese fascismo pequeño burgués que consiste en no estar en casa cuando los milicianos vienen a buscarte para rebanarte el pescuezo–, y ahora, que Fitzgerald la tenía pequeña:
–Es embarazoso asistir a tanta novelería narcisista y masculina, la autenticidad del gran machote cazador y bebedor que deja en ridícula evidencia a los que no le llegan a su altura, especialmente al pobre Scott Fitzgerald, que no sólo estaba fascinado por los ricos, como un papanatas, sino que además la tenía muy pequeña.
Habla de Hemingway, y su alusión a los ricos convierte a Muñoz Molina en epígono de aquel Martínez Sierra que declaraba a Alberto Guillén: “Yo me renuevo constantemente. Soy bolchevique, en efecto. Y estoy al tanto de todas las novedades, tanto sociales como literarias...” En cambio, su alusión al tamaño nos lo reduce a la cotilla señalada por Javier Krahe en los ripios de “Un burdo rumor”, que arranca: “No sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña...”
Al hilo de esa envidia de pene que lleva a Fitzgerald a admirar a los ricos, Alfredo Valenzuela remitió una carta –que, por supuesto no se publicó– al periódico global en español para aclarar que, si Fitzgerald “la tenía muy pequeña”, era porque de ello lo acusaba su esposa Zelda (cuando las mujeres podían ser malas, no como ahora, que lo impide Bibiana, esa Hipatia de Gades) y no Hemingway, quien, por el contrario, lo convenció de que “la tenía perfectamente normal”.
–La anotomía es el destino, podríamos decir glosando una frase de Napoleón –escribe Freud en “La disolución del complejo de Edipo”, donde expone su conjetura fascinante (fascinar: atraer y repeler a la vez) sobre la diferencia entre los sexos.
martes, 1 de abril de 2025
El espectáculo alemán
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En el último siglo, Alemania invadió Francia y Rusia, adonde enviaran a Lenin para el experimento bolchevique. Antes, Kant nos dio un pleonasmo, “Estado de Derecho”, que se ha convertido en el sonajero de los tontos, los mismos que ahora quieren volver a Rusia “para trocearla”, como pide la princesa Kaja, que tiene a la bumerada liberalia bailando como en un OnlyFans.
–Sólo luchamos por lo nuestro… Nos obligan por ley a ser bondadosos… Nadie prevé si nuestra no violencia sólo está retardando la guerra hasta nuestros hijos… Deberíamos revisar qué hay de sincero y autónomo en la propia tolerancia… Nuestros intelectuales son amables con el extranjero no por amor al extranjero, sino por furia contra lo nuestro, y acogen con satisfacción todo lo que lo destruye… –avisó Botho Strauss en “El canto creciente del macho cabrío”.
En lo que prepara los tanques, Alemania se entretiene rizando el rizo con lo que llama Constitución y que sólo es la Ley Fundamental de Bonn, redactada bajo vigilancia de un ejército de ocupación por un nazi “patanegra”, Theodor Maunz, maestro de nuestro Sánchez Agesta, que, menos para separar los poderes, único objeto de una Constitución, sirve para todo: prohibir los partidos nazi y comunista, volver a permitir el partido comunista, prohibir el exceso de deuda, volver a permitir el exceso de deuda, usando las mayorías parlamentarias a conveniencia (birlibirloque de Merz, exempleado de BlackRock), y ya veremos la de cosas que hará el sanchismo cuando descubra el estilo alemán de valerse de la mayoría felipista del 82, con sus 202 diputados, que le dan para hacer de Bolaños, ese tipo que tutea al Santísimo, un papa Clemente del Valle de los Caídos. Después de todo, nuestra Carta otorgada del 78 es una copia burda de la Ley Fundamental alemana. España con Franco tenía ocho; un verano, Garrigues, desde Roma, y desde Madrid Jesús Fueyo, Fernando Herrero y Emilio Romero escribieron a Franco a San Sebastián con la proposición de reunirlas en una Constitución, pero el general debía de tener la idea griega de que “todas las cosas son ocho”, y tiró las cartas al Urumea.
–Semel iussit, semper paret…
Una vez ordenado, siempre obedecido. El legislador y la dictadura. La ley es dictado, primero “dictamen rationis”, después “voluntatis”, a continuación “concupiscentiae”. Toda ley es dictado. Lo dice el creador de la ciencia constitucional, con la sabiduría de la experiencia. “Hoy día: fe en la ley = falta de instinto de la criatura condenada al hundimiento. Quizá sea el derecho de Estado la materia de la jurisprudencia y no la ley”.
–Usualmente –anota Nicolás R. Rico, bastante antes del sanchismo–, en España todo el segundo curso de Derecho Constitucional se reserva para lo que vaga y pomposamente se llama “Derecho Constitucional Comparado”. Se trata de una enseñanza en gran parte imaginaria, donde reina supremo el “quiproquo”. No hay mucho que comparar, si somos sinceros.
Seguimos avanzando.
[Martes, 25 de Marzo]