lunes, 24 de agosto de 2020

Habeas corpus

 

El caballo Castro con el pelícano Herbert Matthews


Ignacio Ruiz Quintano

Asistimos al nacimiento de la generación de “la Coviz”, que supone la eliminación, con el visto bueno de todo el mundo, del habeas corpus (estar de cuerpo presente) también en el fútbol.

Habeas corpus suena a latín, pero el latín suena a curas, y ya vimos el trato de los maderos de Almeida, con el visto bueno de Almeida (que goza de habeas corpus en la peluquería de Ferreras), al cura de la parroquia de San Jenaro en plena Misa de Resurrección.

Tamayo, un teólogo palentino que sería incapaz de hallar una oración en la Biblia, ha decretado la defunción del Cristianismo por “la Coviz” (este detalle se le pasó a Chataubriand), con lo cual el pobre de la calle se queda sin religión y sin fútbol, es decir, sin domingo, que era el horizonte con el que el pobre trabajaba toda la semana sin pestañear. El domingo por la mañana iba a la iglesia a escuchar de boca de los ricos que él heredará un día la Tierra, y por la tarde, al Bernabéu a ver en persona a los ricos meter goles en la portería de los pobres, que en eso consiste la magia del fútbol.

El otro día hubo risillas en las redes porque en la madrileña plaza del Callao se invocó el habeas corpus con una mujer detenida por negarse a llevar mascarilla. La mejor explicación de ese incidente la dio Bertrand Russell un día que trataba de entender a Hegel:

–Para Hegel –dijo–, y hasta aquí podemos coincidir, no hay libertad sin ley; pero él lo convierte en que, donde hay ley, hay libertad, con lo que libertad, para él, no es más que el derecho a obedecer a la policía.

El español no ha conocido otra libertad que ésa, y por eso le entra la risilla si alguien invoca el habeas corpus para ir a la comisaría… ¡o al fútbol!

Para saber de qué va el habeas corpus en España hay que leer el “As”, que remite… a la policía, que tiene una cuenta de Twitter para aclarar dudas sobre tu mascota o sobre tu habeas corpus, derecho constitucional que consiste en poder solicitar, una vez esposado, recado de escribir para contar tu historia a un pariente, al Defensor del Pueblo o a alguna oenegé de derechos humanos.

Para el “As”, y para todo el mundo, el modelo cultural para un fútbol sin habeas corpus es el castrismo, que no da para aspirinas, pero que, después de setenta años sin habeas corpus, ya tiene, según leemos, una vacuna para “la Coviz”.

–El Gobierno cubano –lee el obrero entre gol y gol, mientras se desayuna– hace gala de su biotecnología, que, entre otras, desarrolló una vacuna propia contra la Hepatitis-B, y enfermedades como la meningitis, el cáncer de pulmón (terapéutica) y los tumores sólidos.

A mí me huele a síndrome Matthews. Este Matthews no es el Mateo Benito de Twitter, sino el Herbert Matthews del “New York Times” que viajó de Nueva York a Cuba para conocer a Castro en Sierra Maestra.

–Hemingway llamó a Matthews “bravo como un tejón” –recuerda Cabrera Infante–, pero no dijo nada de que fuera tan tragón como un pelícano.

“Tragón” porque, “en realidad, Raúl Castro pasaba una y otra vez con los mismos hombres y (Matthews) se llevó la impresión de que Fidel ‘estaba en otro campamento’ la mayor parte del tiempo” que duró la entrevista. Realmente eran dieciocho, pero a Matthews le parecieron ochocientos.

–Uno sentía que era un hombre invencible –escribió Matthews, que dice hablar con Fidel con susurros, porque están rodeados por el enemigo.

Si el castrismo pudo hacer pasar por una división de infantería a dieciocho barbudos, ¿por qué no va a hacer pasar por biotecnología las redomas del ron? Después de todo, a Fidel el “Times” siempre le llamó Doctor Castro, doctoreo, se quejaba Cabrera, que induce en los ingleses una suerte de respeto académico, como si Fidel fuera un médico eminente, ¡a lo Simón!, o un genio de la física, codeándose con el doctor Fleming y el doctor Einstein.

Sin habeas corpus, aunque sea con mascarilla, el fútbol se muere. Los hinchas deberían unirse a los chimpancés en esta lucha por el habeas corpus. Jeff Sebos, de la universidad de Nueva York, pelea por la libertad de Kiko y Tommy, dos chimpancés en cautividad y desprotegidos por la ley, que no reconoce el habeas corpus para estas criaturas. Es el camino.


Sin habeas corpus, el fútbol se muere


EL REGRESO DE KOEMAN

Con su inimitable “passing shot” (ése que imita Sergio Ramos en días de “matinée”), Ronald Koeman fue el Ivan Lendl del fútbol y líder del Barcelona de Johan Cruyff. Valdanágoras admiraba su golpeo de balón porque en su trayectoria a más de cien kilómetros por hora podía leerse la marca. Luis Aragonés, en cambio, que tenía a Ruiz en el Atlético, criticaba en Koeman su cintura, “la misma que la rueda de un tractor”, y, sin embargo, jugaba de cierre en defensa de tres con Eusebio y Goicoechea de laterales. Sus diagonales a Stoichkov causaron estragos en todos los campos. Una noche, en un calentamiento en el Manzanares, se rompió el tendón de Aquiles, que, a ras de campo, pudo oírse.  Pero volvió a jugar al fútbol. Ahora vuelve al Barcelona y de entrenador. Es el hombre más indicado para recomponer  el cruyffismo con los pedazos de Lisboa.

Lunes, 24 de Agosto

 


Y vosotros ¿quién decís que soy yo?

domingo, 23 de agosto de 2020

Hipótesis


 

Ignacio Ruiz Quintano

 Si el uranio empobrecido resulta inofensivo, ¿para qué se lo tiramos a la gente? Seguramente, para que los periódicos no disparataran al hablar de «guerra humanitaria», anacoluto inevitable de haber tirado uranio enriquecido, como Truman. La  hipótesis de Galbraith es que Truman no tuvo otra opción: «De haberse resistido, se habría enfrentado a fuerzas muy superiores al poder presidencial.» Pues el poder presidencial no es más que otra hipótesis. El propio Galbraith habló un día en la Casa Blanca contra la guerra de Vietnam, y Johnson le contestó con contundencia que bien podía agradecerle cómo estaban conteniendo a los generales: «No tienes idea de lo que harían si no estuviéramos aquí nosotros para pararlos.»

Como no hay ningún método que haga posible la invención de hipótesis por medio de reglas, Ramón Gómez de la Serna incluyó entre sus «Caprichos» —el libro de lo imaginario puro con algo de absurdo, contando con que lo absurdo no puede ser tonto, ni taimado, ni avieso— el del joven  superviviente de Hiroshima que en edad del amor buscó novia, y encontró una muchacha que dio la mayor prueba de sacrificio casándose con él, pues se sometió al contagio de la radioactividad y comenzó a palidecer y a desintegrarse desde el día de la boda. «¡Todo lo puede el  amor! El poema escultórico de su mausoleo presentará superado el caso de Romeo y Julieta, sublimados en el cementerio de la edad atómica.»

Experto shakespiriano, nuestro ministro de Defensa no debe de ignorar esta hipótesis ramoniana sobre la edad atómica titulada «El que estuvo en Hiroshima», y para  que nadie la confunda con la de «Los que han estado en los Balcanes» me envía una nota explicativa que se resume en dos hipótesis. Primera: «El uranio que aparece en la naturaleza tiene un 0,7 por ciento de U-235, mientras que el uranio enriquecido posee un 5 por ciento de U-235 y el uranio empobrecido cuenta con un 0,2 por ciento de U-235.» Y segunda: «La causa de las leucemias es desconocida.»

La propaganda no cesa de repetir que vivimos en la sociedad abierta de Popper, para quien la condición «sine qua non» de su modelo de sociedad era la institucionalización de la crítica. «¿Qué es lo que permite el desarrollo cultural? La crítica.» A lo mejor luego va uno, critica, y lo mandan  a una  sociedad cerrada, pero esto no quita que la hipótesis de Popper para comprender el mundo fuera magnífica: éste no es un mundo que  confirme verdades, sino un mundo que refuta errores, que, como decía Mae West, errar es humano, pero sienta divinamente.

Como yo lo entiendo, vivir en una sociedad abierta significa no saber qué puede caerle a uno encima, pero, como comprenderán ustedes, sólo se trata de una hipótesis. Las hipótesis son explicaciones plausibles de los fenómenos. Para los popperianos incluso el cerebro no es sino una hipótesis que produce hipótesis. En ciencia, dice Popper, lo esencial es la actitud crítica: primero creamos las teorías y  después las  criticamos. Ponía el ejemplo de Einstein, que acostumbraba desechar una  hipótesis cada tres minutos, y así hasta dar con la que le gustó, cuya formulación, como sabemos, ocupa aún menos que cualquiera de las ideas políticas que circulan diariamente por los periódicos.

La democracia no puede ser mejor que los demócratas, y en la  política española los fenómenos siempre han carecido de explicaciones plausibles. Aquí, en cuanto alguien  se hace con una teoría política, lo habitual es que adopte una actitud muy humana y, en vez de criticarla, la defienda. La ley del hábito es una ley causal que nos induce a creer en todo aquello que encaje con nuestro esquema escolástico del mundo, en que se supone que la relación de causa y efecto es necesaria. Hume demostró que este concepto popular de la causalidad es supersticioso, pero la gente no frecuenta a Hume, y se pregunta: «¿Es peligroso el chuletón de vaca? ¿Y el petardo de uranio empobrecido? ¿Y la gotera del submarino nuclear?» Sin embargo, «peligroso» es una palabra causal, y nuestros políticos, que han descubierto a Hume y son, por tanto, unos escépticos respecto de la causa, no pueden saber si algo es peligroso.


Karl Popper 

La propaganda no cesa de repetir que vivimos en la sociedad abierta de Popper, para quien la condición «sine qua non» de su modelo de sociedad era la institucionalización de la crítica. «¿Qué es lo que permite el desarrollo cultural? La crítica.» A lo mejor luego va uno, critica, y lo mandan  a una  sociedad cerrada, pero esto no quita que la hipótesis de Popper para comprender el mundo fuera magnífica: éste no es un mundo que  confirme verdades, sino un mundo que refuta errores

Domingo, 23 de Agosto

 


Si me necesitas, silba

"Lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo"

 DOMINGO, 23 DE AGOSTO

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

-¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó:

-Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: 

-¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Mateo 16,13-20

sábado, 22 de agosto de 2020

"A lo nuestro"

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

De veinte años para acá resulta muy agradecido nacer, crecer y vivir en el sevillismo, una parcialidad que se diferencia con el resto de las de su mismo pelaje, el Valencia un poner, por tener claras sus limitaciones. "El Barca y los madrileños están a lo suyo. Nosotros a lo nuestro". Lo "nuestro" es amargar los partidos de la Liga nacional a los guapos de la película levantándoles la chica algún sábado loco; no lamentarse jamás por perder dándolo todo y lucir el palmito en la Copa de la UEFA, asunto que se toma con la misma alegre seriedad que la Feria de Abril. Anoche el Sevilla se calzó el mejor de sus blancos trajes y a pesar de la manchita en el trasero nada más entrar, la tan cautivadora como demoledora música de los expertos Navas, Banega y De Jong, embriagó hasta el aturdimiento al más feroz de los interistas, que uno no sabe si era Lukaku o el entrenador Conte. Uno de los jóvenes, Koundé, se bastó para silenciar a Lautaro, el solista de Milán más prestigioso. Además nos dejó claro que él, Koundé, es la Perla de la ostra. Diego Carlos tiene más presencia intimidatoria pero anoche... y otras noches mostró ciertas deficiencias que en un grande te hunden...  y le va a fichar un grande. De manera insospechada anotó el gol ganador en un escorzo que la defensa interista no imaginaba en un coloso al que acababan de vendar una de sus dos columnas. La verdad es que el gol lo marcó en propia meta el otro coloso rival, Lukaku, como si de Justicia poética se tratara. "Te avergoncé al comienzo, he aquí la reparación".

    Anoche, Lopetegui, pareció mejor estratega que su colega italiano, pero quizás la percepción venga avalada por el compromiso y determinación de una plantilla envidiable donde el que no jugaba empujaba desde la grada más que el titular. El ambiente actual del grupo palangana es el sueño de todo entrenador, la auténtica alegría del futbolista y la felicidad de cualquier afición.

Los artífices del éxito son muchos. Todos ustedes saben sus nombre y así como Jesusito Navas volvió a Nervión por ser idílico acomodo, más de un futbolista feliz y orgulloso ayer haría bien en valorar en este tiempo incierto la posibilidad de vivir mejor con menos. 

Enhorabuena al Sevilla por dar un respiro optimista a una ciudad martirizada por las pestes.

Antonio Díaz-Cañabate, el pacto sinalagmático

 

Cañabate, por Dávila


ABC AL PASO

El pacto sinalagmático

ANTONIO DÍAZ-CAÑABATE ES TRES MOMENTOS PERIODÍSTICOS: JARABO, VENANCIO Y PALOMO


Ignacio Ruiz Quintano

Antonio Díaz-Cañabate y Gómez-Trevijano, El Caña, es la hoguera campamental del costumbrismo donde se hace el puchero del gran cocido madrileño.

Libros aparte (“Historia de una taberna”, la de Antonio Sánchez, e “Historia de una tertulia”, la de Cossío en el Chiki-Kutz de Recoletos), Cañabate, abogado y periodista, que sustituye a Selipe (José María del Rey Caballero, abogado y periodista) en la crítica taurina de ABC, es tres momentos: Jarabo, Venancio y Palomo.

El momento Jarabo son sus crónicas “escritas en la Audiencia, junto al banquillo”, del proceso, en el invierno del 59, a José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, Jarabo (compañero de curso de Ansón en El Pilar), que culmina en la pena de muerte y ejecución del reo en la Modelo. Son crónicas dignas de la antología del Nuevo Periodismo de Tom Wolfe, y el periodismo no conocerá otro éxito de opinión semejante hasta las de Martín Prieto en los juicios de Campamento por el 23-F en el 82. La falta de martinesprietos y cañabates en el gran juicio del “Prusés” revela la caída de pupila y de muñeca en un oficio de “ágiles reporters” que miran al mundo con la boca.


En la biblioteca de ABC

El momento Venancio son las memorias de un vendedor de periódicos leídas el 2 de Mayo del 68 en la Hemeroteca Municipal, “la Inclusa de los periódicos”.

–Yo quería a los periódicos como a mis hijos y a mi costilla, que me salió de azúcar cande. El olor a tinta es como el de manzana, fresa, melón de Villaconejos y, ¡ahí va esa liebre!, el de mujer… Vamos, que atrae. Vender la Prensa es como escribirla, por eso los vendedores nos llamamos periodistas.

Venancio vocea periódicos junto a un vejete que vocea “El Motín” de José Nakens, que no se vende. ¿Por qué no vocea el ABC?

–¿Quién, yo? Pero ¿tú sabes quién soy yo? Soy un hijo espiritual de don Francisco Pi y Margall y firmé con él el pacto sinalagmático de la república federal, y un hombre sinalagmático no puede difundir la prensa que hizo fracasar el pacto sinalagmático. Lo sinalagmático es lo bilateral. ¿Te enteras?

Y el momento Palomo es su crónica del rabo de Palomo (“rosquillas del Santo”) en San Isidro del 72:

–Nada de copas, que lo que tenemos que tratar es muy serio. Ten en cuenta que en este momento tenemos tú y yo un rabo en el cuerpo que nos pega cada coletazo que a mí, por lo menos, me balda.

En febrero del 80, con ABC en crisis, Cañabate, al contrario que Mingote, tiene un mohín desleal (¡es la gran kermese de deslealtades del 77!), y Guillermo Luca de Tena le envía una nota:

“Querido Antonio: Sólo unas líneas para darte cuenta de mi dolorosa sorpresa al leer en ‘El País’ tu artículo sobre los carnavales. Sin entrar en el derecho del escritor a colaborar donde quiera, siempre he creído -con independencia de la cantidad que te abonamos invariablemente todos los meses- que eras “un hombre de ABC” desde la cruz a la fecha, un lujo de este periódico que se enorgullece con tu firma. De ahí mi pena por ver tu nombre fuera de esta Casa”.

Muere el día de San Roque de 1980.


Antonio Díaz-Cañabate

Sábado, 22 de Agosto

 


La vida es dura

viernes, 21 de agosto de 2020

José María Pemán, el secreto del artículo

 

José María Pemán, por Menéndez Chacón


ABC AL PASO

El secreto del artículo

JOSÉ MARÍA PEMÁN, "CREER SÓLO EN DOS O TRES COSAS Y BURLARSE DE TODO LO DEMÁS"


Ignacio Ruiz Quintano

Al pasar por la casa de Pemán, donde una placa dice “Aquí nació don José María…”, al Beni de Cádiz lo detiene su compadre, el Cojo Peroche, con una angustia gaditana y estival: “¿Qué crees que pondrán en nuestro balcón cuando faltemos, Beni?” Y el Beni contesta: “Se vende”.

José María Pemán es el articulista con balcones a la calle, que es la Gran Vía.

–Escribir en ABC es como hablar en un balcón de la Gran Vía.

Umbral, que va de articulista, lo aborda en el café Gijón porque Pemán, dice, tiene el secreto del artículo (“quizás sólo Ruano y él lo tenían, tan diferentes”).

–Mire usted, hay que creer sólo en dos o tres cosas fundamentales y burlarse de todo lo demás. Así se hacen los artículos –es el consejo que le da Pemán.

Pemán y Ruano, al irse, nos dejan los artículos, pero se llevan el secreto. “Menos escritores y más periodismo”, vocea editorialmente, contra ABC, Salas (Juan Tomás), que se ve mangoneando la Santa Transición, y su periodismo-cover va de “Mendoza, el hombre de Moscú” (Cambio 16) a “Maricones en el Ministerio de Cultura” (Libre).

En realidad, la Transición supone la desnacionalización de España y la desarticulación del artículo como planteamiento (noticia), nudo (ensayo) y desenlace (poema). Nacen los aspergiadores del Consenso –concepto franquista donde los haya–, y todos los cursis se hacen politólogos, pero igual que después del Vaticano II no hay teólogo capaz de dar con una oración en la Biblia, después de la Transición no hay politólogo (uno, al menos, no lo conoce) capaz de enumerar un solo principio de la democracia representativa.

Frente al humanismo de Pemán (“ludismo de las ideas”, dice Umbral de lo de Pemán, “que viene de Voltaire hasta André Gide”), el articulista transicionero maneja una morralla fascicular y septembrina con que rellenar un onanismo de yesaire que produce columnas-pisapapeles en forma de gatitos de escayola (¡aquellos estucos de los portales con pretensiones!) y marmolillos de Jadraque, dejando al oficio sin público.

Pemán se ufana de “haber devuelto la ironía y el humor a la defensa de las cosas serias y fundamentales”. Sus enemigos lo llaman “facilidad”, y él no la niega: “Tres cuartos de hora para cualquier artículo, un poco escandaloso para esta hora que tiende a conceder admiración como los vales de leche, “nada más que a la miseria y a la angustia”.

–Para el lector medio parece que toda prosa se vuelve jeroglífico. Está tan persuadida la gente de que uno no dice lo que quiere decir, que a todo le buscan reticencias y alusiones. Los artículos de temas domésticos, casi lindando el “cuadro del género”, son los que más eco producen.

Pero ¿y el secreto del artículo? ¡Desconfiad siempre de los tristes, de los petulantes y de los afectados! Hay que dosificar, dice, como en una salsa los varios elementos de amenidad, doctrina, ironía y seriedad.

–El arte del articulista es dejar caer una gota de perennidad en lo “diario” y efímero. El lapso que va del desayuno a la sobremesa de la cena es la “inmortalidad” a que debe aspirar el articulista.


José María Pemán con Rafael Alberti

Viernes, 21 de Agosto

 

Al paso

jueves, 20 de agosto de 2020

Felicidades a Jesús María Castaño

 


CLIC

Abc al paso. Agustín de Foxá, el último de Filipinas

 

Agustín de Foxá


ABC AL PASO

El último de Filipinas

AGUSTÍN DE FOXÁ RECORRE EN AVIÓN TODA LA LENGUA ESPAÑOLA, EN CUYA GRAMÁTICA NO SE PONE EL SOL

Ignacio Ruiz Quintano
Decir Foxá es decir una noche en Balmoral (el ex bar de Hermosilla/Serrano, no el castillo de Aberdeenshire en Escocia) o una tertulia en Cuba (la suya), que inventó la sobremesa con cocotero (¡el árbol con cantimplora!), pues Foxá es la exuberancia del ingenio que se cierra todas las puertas con un golpe de conversación, que es su idea de cielo.
Es la idea que él ve en el padre Guepin, benedictino francés y abad mitrado de Silos, cuyo cielo es “un eterno paseo, por los jardines del Paraíso, haciendo ‘respetuosas objeciones’ al Ser Supremo: Señor, ¿para qué hicisteis a los microbios?”
Es la idea de felicidad jeffersoniana: ensanchar el círculo de amigos “en el Congreso” y sentarse con los más ilustres de sus “colegas”. Y es la idea socrática de paraíso en la “Apología”: ensanchar el círculo de amigos en el Hades y seguir con el “diálogo”.
–¡Soy el último de Filipinas! –dice Foxá, herido de muerte, a Juan Ignacio Luca de Tena y Antonio D. Olano, que lo reciben en Barajas (“con un olor de parque dormido entre las ruedas”).
Foxá, que es diplomático, cultiva todos los géneros literarios, y su preferido es el periodismo, que tiene de poesía, dice, lo que tiene de efímero.

–He recorrido en avión toda la lengua española, y puedo asegurar que en nuestra gramática no se pone el sol.

Estiliza todo lo que toca, se trate del imperio americano, en cuya tierra se puede meter el arado hasta muy hondo sin encontrar una sola moneda antigua:

“A pesar de sus ‘shorts’, de su ‘base-ball’, de su cine y de sus piscinas, la púrpura ha caído sobre los hombros de los yanquis. Es glorioso, pero no es cómodo capitanear al Mundo. La gloria generalmente está reñida con la alegría. Norteamérica ha ganado el cetro, pero ha perdido la sonrisa”, termina “El peso de la púrpura”.

O se trate de la mujer nórdica:

 “El verano nórdico es el más hermoso del mundo… En un ‘parturi’ (peluquería) me afeitaron unas bellas carelianas (en el Norte todas las peluquerías son servidas por muchachas, y de una de ellas, en Estocolmo, salió Greta Garbo antes de entrar en el Olimpo de Hollywood). Hay también en Finlandia mujeres albañiles que suben al andamio. Las mujeres lo invaden todo. Ellas conducen el tranvía y arreglan la chimenea”…
De Ramón tiene dicho Ruano que todos sus aciertos de finura salen de un fondo gordo de agua gorda y vida gorda: “Es como un botijo que pare inesperadamente porcelanas de Sevres”.
Algo de eso hay en el anecdotario de Foxá, quien, después de todo, pertenece a la carrera diplomática. Cuando Martín Artajo, figura de Acción Católica, llega al Ministerio, un diplomático que vuelve de varios años en el extranjero dice a Foxá: “¿Qué hay de nuevo por esta casa? Cuando yo me fui, era ministro Serrano Súñer”.
–Pues mira, chico –contesta Foxá (que viene de decir que la Falange es una hija adulterina de Marx e Isabel la Católica)–. La única diferencia es que, cuando tú te marchaste, al entrar en el despacho del ministro había que gritar “¡Arriba España!” y ahora decimos: “¡Ave María Purísima!”


“Y pensar que desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida”

Jueves, 20 de Agosto

 


A galopar

miércoles, 19 de agosto de 2020

Claudio Sánchez-Albornoz, la excepción ética

 

Claudio Sánchez-Albornoz, por Sirio


ABC AL PASO

La excepción ética

CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ, A LAÍN: “USTED DECLARA LEER A KANT; YO RECONOZCO QUE LEO EL ABC”


Ignacio Ruiz Quintano

Don Claudio Sánchez-Albornoz es el único ejemplo ético (es decir, el contraejemplo) de la Santa Transición, remedo cultural y social del Directorio francés, ese vivalavirgen liberador que sucede a la muerte del dictador (Robespierre, Franco…)

–La pobreza es una idiotez; la virtud, una torpeza; y todo principio, un simple expediente… -dirá Barrás.

En la República, don Claudio, que habla del “cortocircuito de la Modernidad española”, lleva del bracete a Azaña (¡el cojo de Quevedo llevando al ciego al hombro!), que nos lleva a la cuarta guerra civil (“Si había un hombre mal dotado para presidir la gran batalla, ése era don Manuel”, reconocerá a toro pasado don Claudio).

A la ortegada “Castilla hizo a España y la deshizo”, en las Constituyentes del 31 contesta don Claudio: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, corrección que hacen suya Unamuno y el propio Ortega.

–La guerra está perdida –dice Azaña a don Claudio en Valencia–, pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos. ¡Si nos dejaban!

La dignidad en el exilio de don Claudio es única. Umbral tiene experimentado que los exiliados en general no perdonan, a su vuelta, que España haya seguido sin ellos, al margen de las intrigas de El Pardo.

–Querían no incorporarse a nosotros, sino implantarnos sus años veinte. Pero sus años veinte eran pura cretona.

Don Claudio permanece en Buenos Aires tieso como una torre de coraje, consagrado a luchar contra las fantasías moras de Américo Castro (la otra castroenteritis, antes de la de Fidel), grandiosa polémica que en el 74 se dirime en las páginas de ABC.

–Orgullosamente usted declara leer a Kant –dice don Claudio al pedantón de Laín, que sale en defensa de las “vividuras” castristas, con la ayuda del metomentodo Ridruejo–; humildemente yo reconozco que leo el ABC.


Laínes y Ridruejos tienen más mano y don Claudio deja de colaborar hasta que Guillermo Luca de Tena asume la dirección del periódico y lo invita a recuperar los envíos. La respuesta de puño y letra de don Claudio es un modelo de rectitud castellana:

“Distinguido amigo: Dejé de colaborar en ABC por la andanada que su hermano [Torcuato] lanzó contra mí interviniendo sin razón alguna en mi réplica al ataque Laín que me había llamado “alanceador de republicanos muertos”. Me invita a reanudar mi colaboración. Muchas gracias. Acepto. Pero no se haga muchas ilusiones, pues van a caer pronto mis 85 años y... En agosto de 1976 escribí un largo ensayo que titulé “Las claves de nuestro tiempo”. Iba a prologar una enciclopedia proyectada por Sarpe. No se ha publicado ni se publicará. Pero no logro arrancarles la autorización para darlo yo a la imprenta. Si lo lograra o lo consiguiera usted tendríamos uno o dos artículos. Los arreglaría. En caso contrario quizás escribiera unas páginas tituladas “La Historia es la historia de la inflación”. Buenas intenciones no me faltan. ¿Tendré fuerza? Dios dirá. Un cordial apretón de manos de su amigo que le desea grandes éxitos. Buenos Aires. Diciembre, 1977”


–Sabe usted que adoro España y que deseo la reconciliación y la paz de los españoles –le dice en otra carta–. Soy muy viejo y no veré el fin de la pesadilla.

 

Don Claudio Sánchez-Albornoz, ante las tumbas
 de sus antepasados en Ávila

Miércoles,19 de Agosto

 


A verlas venir

martes, 18 de agosto de 2020

En la muerte de Manuel Arroyo-Stephens

 


Manuel Arroyo, en Casa Salvador




Publicó mi Bonifacio Afonso


Y mi Antonio Maya


Y me presentó a Paquita (él la trajo a España)

Abc al paso. Ramón Pastor, el hueso de la Censura

 

Ramón Pastor


ABC AL PASO

El hueso de la Censura

RAMÓN PASTOR, LA DISCRECIÓN Y, ESA COSA NUNCA VISTA EN EL OFICIO, LA LEALTAD


Ignacio Ruiz Quintano

En lo más duro de la censura franquista, el ministro Ibáñez Martín, tutor del sector opusdeísta del Régimen, es el Florito de los censores, que son los cabestros encargados de llevarse los toros devueltos al corral, una cosa muy nuestra.

A Ramón Pastor le tachan la frase “la vieja España de Alfonso X el Sabio” porque es “propaganda monárquica”. Pastor protesta y en Prensa le aclaran que “al ABC no se le permitiría hablar ni de Recesvinto”.

El ministro Ibáñez publica un día un decreto sobre enseñanza y el director general de Prensa pide el apoyo del ABC. Pastor se niega. El cabestro se viene arriba (esto no pasa en los ruedos) y envía un artículo “de inserción obligatoria”. Pastor desobedece. Es amenazado con la destitución (los directores los nombra el gobierno) y con las multas. Pastor no se mueve. Juan Ignacio Luca de Tena, que se encuentra en Barcelona, regresa por la noche. En casa le informan del asunto. Habla con Pastor y le da la razón (“el director es Dios”, ha oído uno siempre en la Casa).

–Se la hubiera dado en cualquier caso, estando o no conforme con él, porque siempre he tenido por costumbre respetar las decisiones de los directores del periódico. Si no me gustaban los sustituía, pero, mientras durasen, acataba su criterio. Jamás como en los tiempos de la dirección de Pastor ha sido tan duro el régimen de prensa.

El editor acude al ministro y el ministro se evade con triquiñuelas. Y un día JILT tiene la ocasión de contárselo a Franco, que le responde gallegamente:

–Pero ¿es posible que estén tan locos?

Que viene a ser la misma evasiva que le suelta a Pemán cuando va a quejarse de sus tachaduras: “Pemán, ¿usted ha visto cosa más tonta que un censor?”

El enfrentamiento definitivo lo tiene Pastor a raíz del primer plebiscito sobre la sucesión, al que reacciona Don Juan con sus dos manifiestos, “y toda la prensa, por orden ministerial, desencadena una violentísima campaña contra el Conde de Barcelona”. Lo amenazan con la suspensión, pero se conforman con una sanción de restricciones de papel que cuesta varios millones a la empresa.

Pastor tiene por “delicadeza de pasión” la lealtad y acompaña a JILT desde que coinciden en El Pilar (promoción del 15). Algo único.

–Mis “amigos” bajo la dictadura –recuerda, sobre lealtades,  García-Trevijano– se hicieron “razonables” bajo la monarquía y les convino pasar a detestarme. Y los que lograron no confundir sus sentimientos, conservan el recuerdo de la amistad a condición de no hablarnos en público, ni buscarnos en privado.

Pastor es redactor de mesa en ABC y en 1930 (“ese año se contagió de la epidemia republicana que asolaba al país”) pasa a confeccionador y subdirector de “Blanco y Negro”.

–A mediados de mayo del 31 –cuenta JILT–, Pastor vino a visitarme a la cárcel. En el locutorio me agarró las dos manos con las suyas a través de las rejas, y con los ojos arrasados en lágrimas me dijo: “¡Perdóname!” Y se marchó corriendo.

En el 36 no puede salir de Madrid y se refugia en la Embajada de Francia. En el 39 es el primero en llegar, con Cuartero, a Serrano, 61.

Ramón Pastor con Torcuato Luca de Tena

No crisparás

 ABC



Por el centro se sabe dónde está el jeta,

 y dicen que el votante



Se prepara un pastelazo y hay movimientos desde la Corona hasta el último partido

La frontera estaba clara para quien quisiera verla: más desguace autonómico, leyes de género y memoria histórica. A un lado y a otro: el abismo populista. Con eso e ir pagando la deuda ya tenemos destino generacional

Está todo tan dirigido que se anticipa la trayectoria de los cuerpos políticos, como en balística. Parecen drones. Monchitos. Macarios

Españoles por el centro

Martes, 18 de Agosto

 

País en obras

lunes, 17 de agosto de 2020

Antonio García-Trevijano: "Tenemos las mismas lógicas del poder que las pandillas del colegio, con las mismas tácticas"


Diario 16, 30 de Noviembre de 1993


A Hughes

GRANDES ABOGADOS

ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO

[Ganó la sentencia del “Madrid” y creyó en la III República. Estudia la lógica del poder, lucha contra la confusión y sueña con la democracia. Ama las novelas de Dostoyevski, el teatro de Shakespeare e Ibsen y la pintura impresionista]

“VIVIMOS COMO EN LA MONARQUÍA DE LUIS FELIPE DE ORLÉANS”


Ignacio Ruiz Quintano

Cuando Rousseau, al comienzo de sus “Confesiones”, decía que se creía un romano, estaba expresando su devoción republicana al estilo de la de Catón, al que César, de creer a los historiadores, persiguió con aquel profundo rencor que sienten de ordinario los políticos de acción contra sus adversarios en el terreno de la idea, adversarios que, según esos historiadores, son tan peligrosos como imposible es el alcanzarlos.

César –el Poder– y Catón –el Derecho– representan el último acto de la guerra civil. De Catón, la leyenda refiere que, arrinconado en Utica, el asilo postrero de la República, y cerciorado de que ya no podía ser útil, se retiró a su dormitorio, leyó el “Fedón” y se atravesó el pecho con la espada, actitud que inspiraría el verso más celebrado de la “Farsalia” –“la causa de los vencedores plugo a los dioses, pero la de los vencidos, a Catón”–, que suele invocarse para ilustrar el hecho de que un hombre puede tener razón frente a todo el universo, como vendría a ser el caso, entre nosotros, del abogado Antonio García-Trevijano, cuya causa, la ruptura democrática, habría sido vencida por la causa de la reforma franquista.

UNA TEORÍA PASIONAL DEL ESTADO

Diecisiete años después de la batalla –o de la grande polvareda donde perdimos a Don Beltrane–, Antonio García-Trevijano, despojado ya de aquel Tom Paine que hacía las veces de seudónimo y homenaje, vuelve a la vida pública como publicista ilustrado de la democracia en los periódicos, en las conferencias y, bien pronto, en los libros.

–Hablo y escribo contra la confusión, y la consecuencia de mis apariciones en TV, hasta que las cortaron, y de mis artículos en la Prensa es que cada día me llaman más para dar conferencias en las universidades y en los colegios mayores, que son los ambientes más abiertos. También espero publicar una teoría pasional del Estado que estoy escribiendo contra las teorías jurídica y metafísica de siempre, que no me convencen. El origen del Estado está en la necesidad de distribuir el agua, porque, cuando llueve, llueve para todos, pero, cuando no, el agua es para el que tiene el poder. La teoría hidráulica del Estado es más comprensible que la teoría contractualista. Lo que pasa es que Hobbes, que nació antes de tiempo por el pánico que su madre tenía a la Armada Invencible, vivió obsesionado por la guerra civil.

Si la obsesión en la vida de Hobbes fue la guerra civil, la obsesión en la vida de García-Trevijano es la confusión: vivimos donde la confusión ha hecho su obra maestra, dice Shakespeare para describir el momento en que la ambición de Macbeth asesina al dormido rey Duncan. Y en un país donde los cambios de régimen nunca han sido en rigor más que un cambio del nombre del régimen, no deja de ser sorprendente que haya alguien a quien preocupa, más que el nombre de las cosas, que las cosas respondan al nombre que se les da, comenzando por la primera línea de la Constitución –“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho”…–, donde, a la luz del sentido común, no cabrían más disparates en menos palabras:

LOS BANQUEROS POLÍTICOS

–Pero ¿es que puede concebirse un Estado que no sea social? ¿Existe algún Estado que no sea de Derecho? Salvo el de Atila o el de Gengis Kan, y estaría por ver, yo no conozco ninguno. Otra cosa sería si se dijera Estado de Derechos, en plural, pero no es el caso, claro. En cuanto a lo de Estado democrático, lo niego, porque la Constitución no es democrática, ya que no hay división de poderes. Así que, con eso del impulso democrático, ¿qué es lo que se pretende impulsar?

Quizás la legitimidad, que, bien mirado, antes que un atributo del Estado, es un estado de ánimo de los ciudadanos.

–En España, hoy, ese estado de ánimo es el mismo que el de la monarquía de Luis Felipe entre los años 30 y 40. O sea, el orleanismo, que nace del golpe contra Carlos X. El duque de de Orléans estaba escondido en el jardín cuando fueron a buscarlo para llevarlo al trono. Hay otro paralelismo: en el orleanismo aparecen los banqueros metidos a políticos, como Laffitte.

EL REPARTO DEL BOTÍN

(En la proclama orleanista elaborada por el periodista Thiers y pagada y financiada por el financista Laffitte antes de sacar del jardín al duque de Orléans –“faute de mieux, crainte de pis”: a falta de nada mejor, y por temor a algo peor– se explicaba que la república “nos expondría a terribles divisiones, arruinaría nuestras relaciones con Europa” y se anunciaba que “el duque de Orléans es un rey-ciudadano”. El orleanismo nació con la Revolución de Julio y no tuvo otro objetivo que el reparto del botín: para De Tocqueville, “las clases medias se atrincheraron en todos los cargos, aumentaron enormemente el número de esos puestos y se acostumbraron a vivir de los fondos públicos casi tanto como de sus propios esfuerzos”; para Sainte-Beuve, menos diestro en el eufemismo, “los corruptos de diez regímenes unieron sus fuerzas con los disipados de la víspera, con los afiebrados trepadores y los fatigados intrusos, para formar una verdadera escoria sobre la faz de la tierra”.)

–¿Cómo acabará esto? Hombre, el orleanismo dio lugar a la Revolución del 48. Y vino la República. ¡Ojalá!

Mientras, la cosa es que los españo0les todavía andamos con la democracia como decía Quevedo que andábamos con las mujeres: ayunos de lo que es y ahítos de lo que lo parece.

CLASE INTELECTUAL, CLASE ESTATAL

–Estas frustraciones históricas son características de países pobres acostumbrados a vivir del Estado, lo que crea una mentalidad estatal. En España, las clases intelectuales son clases estatales, incapaces, por tanto, de elaborar una teoría del Estado. Aquí no hubo Ilustración. Y, a diferencia de Italia, tampoco hemos tenido pensadores. Italia ha dado al pensador moderno más original, que es Gramsci. Nosotros, en cambio, sólo hemos dado propagandistas. Tenemos la misma lógica del poder que las pandillas del colegio, con las mismas tácticas. Lo que pasa es que al que tiene el poder se le atribuye una gran inteligencia. Padecemos la rutina del poder, que tiene una tremenda fuerza, y así es muy difícil ser innovador. ¿Azaña? Azaña tuvo talento literario, pero no político: nunca entendió, políticamente, los movimientos de masas. Luego está la izquierda, que cree que el poder es sustantivo: habla del “aparato del poder”, cuando el poder no es más que una relación mando-obediencia. El poder no está en la pistola: la pistola necesita que haya alguien que la empuñe y que enfrente haya alguien que no tiene pistola.

En el fondo, toda nuestra herencia intelectual sobre el poder debe de reducirse, oficialmente, a la creencia de que el Poder crea el Derecho, lema básico, por lo demás, de todos los golpes de Estado, y críticamente, a un chascarrillo de lord Acton –el poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente– y a una figura retórica de Ossorio y Gallardo: “En la vida política, hasta la verdad es mentira; en la forense, hasta la mentira es verdad”.

–Mi vocación era la justicia, y me hice abogado. Pero la realidad era el franquismo, un juego de intereses económicos injustos que me llevaron al estudio de la economía, y de la economía a la política, y de la política, a la historia, y de la historia, a la antropología. El pleito que más me marcó fue el del diario “Madrid”, cuya sentencia gané.


Antonio García-Trevijano con Morante de la Puebla en Las Ventas

Y ahora ¿qué?

 

Kathleen Kruger


Ignacio Ruiz Quintano

Abc

Pues ahora ya puede comenzar la Liga, para que en septiembre, con el segundo confinamiento, llevemos la mitad jugada y podamos dedicarnos tranquilamente a los fascículos.

Decíamos que a Zidane lo había abandonado la baraka en Manchester y resulta que la baraka lo libró del terremoto de Lisboa que se ha llevado por delante a Guardiola, Simeone y Setién, el pasiego de las cuajadas. De haber llegado a Lisboa, ahora estaría tan aplastado como ellos, que no queremos imaginar lo que este Bayern de Hans-Dieter Flick (“¡ni de Flick ni de Flock!”, dijo famosamente Gonzalón en sede parlamentaria) hubiera hecho con el chicle Modric-Casemiro-Kroos pegado al zapato.

–El fútbol es el único deporte donde se insulta al trabajador –denuncia Xavi, ex cerebro de España e ideólogo de Cataluña y Catar–. Es inadmisible, por ejemplo, que se insulte a un camarero al hacer su trabajo…

La ideología consiste en pretender universal la visión del mundo que tienes desde tu puesto en el proceso de producción, que siempre será parcial, y por tanto, falsa. El puesto de Xavi hoy está en Catar y cree que lo que ve él lo que ve todo el mundo. Del emir Xavi habla como Tarradellas acabó hablando de Franco:

–El emir y la familia real son muy detallistas... Los veo muy humildes para lo que podrían ser.

Xavi no había venido al mundo en Tarrasa cuando Suárez, el del aeropuerto, arbitró, un año antes de la Constitución, el birlibirloque autonómico de las “preautonomías” firmando el decreto-ley para el “Ja soc aquí!” de Tarradellas en la Generalidad, tan feliz que dijo a Milián Mestre:

–¡Cony! ¡Quina Catalunya ens ha deixat Franco!

–¡Cony! ¡Quina Catar ens ha deixat el emir!

¡Y tan humilde!

No sé de dónde saca Xavi la analogía futbolista-trabajador y trabajador-camarero, aunque al tratarse de un ex cerebro de España hemos de tomar en consideración esa pista.

–Yo siempre he sido camarero –contesta el camarero de “Pasión de los fuertes” cuando Henry Fonda le pregunta si alguna vez estuvo enamorado.

En los 80 muchos íbamos a Gitanillos, en la madrileña Claudio Coello, sólo por ver cómo Laureano preparaba los copazos. Pero no sé de nadie que pague un abono de fútbol por ir al estadio sólo a insultar a Isco. Xavi, que de jugador oía crecer la yerba de los campos en los descansos de los partidos, de entrenador oye campanas y no sabe dónde.

En Lisboa nadie ha insultado a los únicos trabajadores que hemos visto: los futbolistas de Hans-Dieter Flick en el Bayern y los futbolistas de Julian Nagelsmann en el Leipzig. Lo que les hayan dicho por la calle (los estadios están sin público) a las estrellonas de Setién, Simeone y Guardiola es otro asunto.

Está visto que en esta época el entrenador sólo tiene sitio en plantillas de jugadores jóvenes y pobres, con hambre de fama. Las plantillas de jugadores maduros y ricos, sin hambre de gloria, exigen gestores de egos. Lo del Atlético con Simeone, que con Joao Felix se compró un Pegaso para atarlo a un arado, es un caso misterioso, pero a sus aficionados les hace gracia, quizás por el mismo mecanismo psicológico que hace que el doctor Simón venda camisetas. Más a huevo no volverá a tener el Atlético una Champions (se han creído la murga ésa de que el fútbol se la debe): la costalada de Lisboa ha sido de tal envergadura que la propaganda, en vez de mirar a Simeone, prefiere culpar a lo que en Cuba se llama ñeque, en Venezuela pava y en España gafe.

En cuanto a lo de Setién, ¿qué podemos decir? La diferencia entre el Bayern de Flick y el Barça de Setién se ve en la banda: la elegancia jüngeriana de Kathleen Krüger con la tablilla y la molienda poligonera de Eder Sarabia con la ayudantía. El espectáculo fue sobrecogedor, de los de “menos mal que no estamos ahí nosotros”, con lo cual todo queda ya en manos del Tarradellas de Catar, Xavi, cuyo “Ja soc aquí!” espera el barcelonismo para ponerse a disputar la ligüela nespañola al chicle Modric-Casemiro-Kroos de Zidane.


Cabrera Infante


CUBA AL APARATO

En pleno fútbol (Liga, Champions) de “la Coviz”, leemos que “Cuba, uno de los más reconocidos en materia de medicina y salud, sorprende al mundo y desarrolla su propia vacuna”. La exclusiva, con los entrecomillados, son del “As”. Todo esto es nuevo, pues en marzo del 90 escribía Cabrera Infante que “los cubanos sufren de enfermedades nunca vistas desde la independencia: gozan ahora de fiebre puerperal, porcina, dengue, brucelosis. Si tiene dolor de muelas tendrá que aguantarse y morder la bala, literalmente. Se sabe que no hay aspirinas en Cuba, pero Castro tiene una de las mejores fábricas de municiones del continente, que incluye a los Estados Unidos”. Si Rubiales y Tebas leen la noticia podrían ordenar que en todos los estadios los partidos comenzaran al son, que sería sonsonete, de Sergio y Estíbalez: Cantinero de Cuba, Cuba, Cuba / cantinero de Cuba, Cuba, Cuba / sólo bebe aguardiente para olvidar.

Lunes, 17 de Agosto

 

Valle de Esteban

Pispando la dudosa luz del día

domingo, 16 de agosto de 2020

¿Para que bebemos?

 

Lengua de vaca

 

Abc, 10 de Enero de 2001


Ignacio Ruiz Quintano

Los siglos no son menos corrompidos al principio que al final, y en el flamante siglo España sigue siendo un país productor de goles —cincuenta y dos mil quinientos once en el último siglo, según las cuentas  del «As»— y consumidor de neologismos. No lo digo por la justicia, que, por ser una concepción plebeya e ingenua, es universal. Lo digo  por  la lengua, aunque, ¿qué lengua?

Las  nuevas tecnologías surten anualmente cerca de un millar de neologismos. Si hay que leer, no está mal: lo que perdemos en sintaxis y ortografía, lo ganamos en siglas y cursivas, y con eso nos vamos defendiendo en la narrativa contemporánea. Lo malo es si hay que escuchar, pues con tanto neologismo resulta más difícil coscarse de los chismes de la mesa de al lado. Todavía nadie ha sabido contamos, por ejemplo, de qué hablaron los muy principales comensales del histórico almuerzo riojano de Fuenmayor*, seguramente porque nadie ha descendido a plantearse la única pregunta interesante: ¿en qué lengua hablaron? ¿En la vascongada del capitán don Juan de Perocheguy o en la castellana del manifiesto de San Millán?

«¡Crania Vascónica!» «¡Kabilismo Ibérico!»

No son extranjerismos, sino barojismos de los tiempos en que no había extranjero, pues todo el mundo daba por supuesto que el Paraíso era la Provincia Vascongada de la Creación, donde discurrían un Adán y una Eva tales como los concibió el Creador:  «él,  muy jebo, ella, muy chirene.» Según la descripción de Alfonso Reyes, en Paraíso-Emundía los días pasaban mansamente. «Una mañana, andando por Sagardúa-Kale, Adán y Eva se encontraron con la Serpiente. La  Serpiente se descolgó de un hermoso manzano  que había a la vista: era el  manzano prohibido, del uso personal de Jangoicoa-Dios. La Serpiente conferenció con Eva. Eva convenció a Adán. Los manzanos sonreían desde los  collados. Y éste es el origen de la sidra.»

Ya sé que este cuento no explica que en el histórico almuerzo riojano  corriera el pacharán en lugar de la sidra, pero, ¿qué va a hacer uno? A los bachilleres de mi generación nos obligaron a silabear los libros de Quilis, Hernández y De la Concha sobre «la dicotomía saussureana» —de Saussure, que era suizo, como los cucos— y «la teoría  generativo-transformacional» de Chomsky, viajante  nada ameno, aunque los amerindios se comportaron con él como salvajes serviciales que hacían lo que fuera  para sustentar lo «generativo-transformacional» de la teoría.

Todos, en fin, colocaron bien sus libros entre los estudiantes, sólo que a los estudiantes, ¿qué justicia nos indemnizó por daños y perjuicios? A quienes hubiéramos preferido aprender a chanelar el sermo vulgaris, que ya entonces, por lo que nos llegaba de los Bee Gees, era el inglés, siempre nos contestaban lo mismo: «La lingüística moderna se caracteriza por ser estructural.» Y ya ven. Incluso la reina de Inglaterra acaba de abandonar el estructuralismo de la lengua aristocrática por el onomatopeyismo del habla popular, que allí no es más que una recreación, como la moral, del «guau-guau» y «miau-miau» de las niñeras. ¿Que no da para expresar nuestras necesidades? ¿Y quién puede afirmar que los vocabularios de que hoy nos servimos son una consecuencia de nuestras necesidades y no nuestras necesidades una consecuencia de nuestros vocabularios? Es la misma cuestión que había planteado Camba: «Enséñenle ustedes a un salvaje a decir corbata e inmediatamente el salvaje les pedirá a ustedes una; pero manténganlo ustedes en una total ignorancia respecto a esa prenda del atuendo masculino y el salvaje no sentirá jamás el menor deseo de ataviarse con ella.»

Al salvaje con la corbata, y a nosotros, con el «Digital Video Disc», que nos enseñan a decir «DVD» y nos falta tiempo para pedir uno a los Reyes. Total, no sabiendo para qué sirve, ¿por qué iba a importamos cuánto cuesta? Mas no se trata de andar por la casa calculando el  CPC de todos los «banners» de la «web», sino de andar por el mundo simplificando e internacionalizando nuestro vocabulario. Simplifiquemos nuestros vocabularios y habremos simplificado nuestras vidas. Aprendamos de las vacas, que aun en su locura no pueden hablar otra cosa que una lengua universal, y con eso se ahorran los cuentos de la Buena Pipa.
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*Almuerzo de Arzalluz con Corcuera y Vera


Noam Chomsky

«Enséñenle ustedes a un salvaje a decir corbata e inmediatamente el salvaje les pedirá a ustedes una; pero manténganlo ustedes en una total ignorancia respecto a esa prenda del atuendo masculino y el salvaje no sentirá jamás el menor deseo de ataviarse con ella.»

Domingo, 16 de Agosto

 


Periscopio