viernes, 17 de abril de 2026

Manbrú


Al Swearengen preguntándose quién se ha peído
 

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Mambrú, que esta vez es Obama, se va a la guerra, y los Bardem, que esta vez son Hollande (francamente más tonto que Chirac), lo van a acompañar.

    Ya lo dijo el general Schwartzkopf en la primera guerra del Golfo:

    –Ir a la guerra sin Francia es como salir a cazar ciervos sin tu acordeón.
    
La movida es en Siria.

    Siria para mí es “Las ruinas de Palmira” del conde Volney (leías ese libro con quince años y te convertías en un ateo tan pichi como Llamazares o Pepe Rodríguez), y también “la mirada dulce” que veía Eça de Queiroz (¡paisano de Mourinho, hummm!...) en su amigo Bracolletti: “una mirada dulce, que me recuerda la de los animales de la Siria…”
    
El pretexto son… las armas de gas, una cosa que puede discutirse en serio, como hace Peter Sloterdijk en “Temblores del aire”: “El siglo veinte quedó inaugurado de modo espectacular el 22 de abril de 1915 con el primer uso masivo de gas clórico como recurso bélico en manos de un ‘Regimiento de Gas’ de la armada alemana apostado en el saliente norte de Yprés.” O en parodia (aún más cruel), como hace Al Swearengen en “Deadwood” (la serie de TV), cuando, encerrado en su garito con sus comadrejas, EB Farnum se pee, provocando la ira del “jodido inglés”.

    –Pero la Onu… ¿Qué dice la Onu?

    Mientras todo parezca un accidente, nadie pedirá el papel de barba de la Onu, sin el cual la guerra es “Inmoral, Ilegal, Ilegítima e Injusta”, como la del “trío asesino” de las Azores.
    
Además, Paul Bremer, el dominguero que Bush envió de gobernador de Iraq vestido con un traje de Emidio Tucci y las “tenis” de Emilio Aragón, ha pedido por carta mano dura a Obama, el hombre de la Paz y la Sanidad, con lo que las sirias podrán cantar que se hacen tirabuzones con las bombas que les tiren los neocones.

    Oiremos muchas arengas. Ni caso. Escuchemos a Canetti:

    –En el mundo actual sería más difícil condenar públicamente a la hoguera a un único hombre que desencadenar una guerra mundial.


[Agosto, 2013] 

jueves, 16 de abril de 2026

Seis minutos




Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Por la prensa deportiva, que es donde la propaganda occidental vierte ahora sus papillas para llegar a los obreretes, reacios a la “prensa culta”, me entero de que, ante un ataque nuclear, el presidente useño dispone para responder… ¡de seis minutos!


No importa cómo comience la guerra nuclear, termina con todos muertos –matizan en el “Daily Mirror”.


¡Seis minutos! Seis minutos para destruir el mundo que a Dios, el nuevo amiguito de Richard Dawkins, llevó seis días crearlo. ¡Seis minutos! Y primero habría que saber quién es el Líder del Mundo Libre, pues Sleepy Joe sólo es un espantajo salido de unas elecciones tan majas que ya se copian en todo el mundo liberal.


Pero si vamos a terminar todos abrasados como los puteros pompeyanos del “Corpus Inscriptionum Latinarum” (“Gayo Valerio Venusto, soldado de la primera cohorte pretoriana, centuria de Rufo, gran jodedor”), ¿por qué estresar a los incautos obreretes que pasan de política y hojean por distraerse diarios deportivos?


Cuando la guerra todavía era convencional, los obreretes, que constituían su carne de cañón, todavía se llamaban proletarios, y mataron a Marx contra pronóstico. Era 1914, fecha de la caída definitiva de Occidente. La cartilla de Marx prescribía que, ante la llamada a filas, los proletarios de todos los países se quedarían en casa por obediencia a su conciencia de clase, y resulta que decidieron obedecer en masa a sus naciones. Hoy los obreretes son los últimos interesados en ir a la guerra, quizás por ser los únicos conscientes de que no son lo mismo seis minutos de descuento para el Real Madrid en Champions que seis minutos de cuenta atrás para Sleepy Joe en el Despacho Oval.


De la guerra son partidarios los liberalios de meñique en alto que en su día se escaquearon del cuartel (como sus idolazos: CheneyBushAznarBorisMacron,…), que juegan con el meñique como los legionarios semanasanteros de Málaga con el cetme.


En su día, según Bertrand Russell, unos “Espías por la paz” averiguaron los planes del gobierno inglés ante una guerra nuclear: el país se dividiría en regiones, cada una con su propio gobierno autocrático e instalado en sedes subterráneas, y ellos decidirían la suerte de los demás ante una radiación que mondaría el meñique liberalio de los belicistas, todos corriendo entonces a cambiarse de bando, pero tarde, como el pobre Dawkins.


¿Seis minutos? Hace unos días un bólido celeste sobrevoló el levante español y todavía están los sabios del CSIC preguntándose qué era. Parecía un misil balístico francés, y ya veíamos a Albares bañándose en Gandía como Fraga en Palomares, pero el Estado Mayor alemán opinó que se trataba de un satélite de Elon Musk. ¿Cerrará X Pedraz? Consejo de Bauer, jefe militar de la Otan, si vuelan las perseidas rusas:


Es necesario tener agua, linternas y una radio con pilas para asegurarse de sobrevivir las primeras 36 horas.


Ya se supone que la radio en el dial de la Ser.


[Abril, 2024] 

Intérpretes del reglamento


Caminos. De Muhadin Kishev


Francisco Javier Gómez Izquierdo


     Antes del advenimiento de ese artefacto televisero llamado VAR, los locutores preguntaban a un árbitro jubilado por las jugadas dudosas y éstos daban opiniones que no confundían al oyente. Desde hace ocho temporadas, los locutores y sus expertos trencillas interpretan jugadas "del furbo" como si el Reglamento fuera una biblia de los chinos y un día hablan en católico, otro en protestante y los miércoles en testigo de Jehová. Yo creo que en España los del Movistar, con Mateu de gran sacerdote, han llegado a una nueva exégesis que se caracteriza por una sucesión de embrollos hasta entontecer al que escucha.


  Dicen en Movistar: "...en Champions se insiste a los árbitros sobre estas situaciones.." y creen que habla Abraham. "...Esta jugada en Champions no puede juzgarse así", suelta un nuevo Moisés. "...muy rigurosa decisión para ser Champions..." sentencian los Anás o Caifás que cuando hablan en un Español-Mallorca expulsarían a medio equipo por faltas que a servidor le parecen leves roces. " Uffff, cómo se la ha jugado Samu Costa..."


  El aficionado y el espectador están envenenados con los pareceres de los gurús televiseros, a los que tienen por correctos y como las decisiones del VAR no son ni cabales ni comprensibles pues todos interpretamos nuestro particular Reglamento.


   ¿Por qué no se ha de pitar igual la falta del último defensor en un Ceuta-Málaga que en un Arsenal-PSG? ¿Por qué está bien expulsado un jugador en un Almería-Rácing de Santander y mal, por lo mismo, otro del Mónaco-Borussia Dortmund que pisa con más saña?


   En Liga, locutores y su experto asistente ven rojas donde servidor no sospecha ni amarilla. Cuando llega la Champions esos locutores y su erudito colaborador simulan sorpresa ¿o no? ante ciertas permisividades y supuestas rigurosidades con el manido "conque" de "...en Champions..."


     Quede todo lo anterior para explicar que jugando sobre la cuerda del fuera de juego en el medio del campo, es lógico el riesgo de que te cojan la espalda y que te expulsen al último defensor y que hay incorrecciones reglamentarias que a determinados árbitros les sientan peor que a otros.


   ¿El Madrid tuvo orgullo en Munich? Sí, mucho. ¿El Barça puso más fútbol que el Atleti? Pues también... Pero ni al Barça ni al Madrid los eliminó el árbitro.

Hughes. Bayern, 4; Real Madrid, 3. Tó pa ná

Hughes

Pura Golosina Deportiva


 
Al acabar el partido vi que un panenkita ‘mataba’ deportivamente a Camavinga. Hombre, tanta geometría y lillismo (Lirismo Lillo) para acabar en el chivo expiatorio, tan viejo como el mundo...

Culpar a Camavinga será lo fácil. El partido tiene al menos esa facilidad: dejar un culpable y una explicación sencilla. El Madrid estuvo lo suficientemente bien como para ello.


En las hora previas, Edu Aguirre entrevistaba a Florentino a la salida de la comida de directivas y el presi se mostraba relajado. “Hombre, si llevo 26 años...”. Estaba claramente por encima de las pasiones. Las había trascendido. Entre ellas, la pasión forofa.

¿Se puede estar en el fútbol sin eso?

Por primera vez, el Madrid presentaba en la Copa de Europa un once sin jugadores seleccionables por España y se había muerto Santamaría, el último superviviente de los 50. Estábamos ya en otro tiempo.

El partido empezó demasiado bien. Neuer metido a libero ridículo se la pasó a Güler, que templó de primeras un zurdazo a las redes. Confieso que el gol me dio alegría y luego miedo. Demasiado pronto, pensé.

El miedo y la superstición me acompañaron en este partido, señal de debilidad mental o quizás de que mi yo madridista (que es en cierto modo protector) sintió siempre débil al equipo.

La media del Madrid era una falsa media: de interiores, mediapuntas, y de mediocentros, interiores. Era como si del problema del mediocampo no se hubiera solucionado nada, no se hubiera llegado a ninguna conclusión en dos años salvo la presencia de Güler.

El Bayern presionaba tras el gol, pero como siempre presiona había una constante emocional en ellos. A lo largo de nuestras vidas, hemos conocido algo el pathos alemán a través del Bayern y sus sucesivas encarnaciones.

Empató pronto en un córner infantil que remató Pavlovic, solo bajo palos, y a partir de ahí vinieron unos minutos de presión y encajonamiento en los que el Madrid sufría para sacarla. Recurrían incluso al vulgar patadón y el meteorito lo buscaba Mbappé, que lucía un apósito susceptible de romper un fuera de juego. En el 19 pudo marcar tras pase de Vini.

Cuando aparecía Mendy era como si regresara del pasado o de la historia para jugar el partido.

Tras el arreón local, y los patadones de impotencia, Güler bajó a mandar, pedirla, repartir...

Hubo una ocasión de zurdazo muy alevoso de Kimmich que paró Lunin, y se sufría en los saques de esquina, pero la sensación de peligro era quizás mayor en el Madrid.

Sus jugadores estaban comprometidos y vivos, con un rápido Mbappé. Los del Bayern se movían mejor colectivamente, parte de su juego era colectivo, una dimensión como robótica: la forma de bajar, de presionar, de ayudarse... Esto redundaba en la organización pero de su cien por cien, de su correr, parte era automático, anónimo, intercambiable, mientras que en el Madrid latía plenamente lo individual, pero como corrían todos todo el tiempo, se notaba menos e incluso era mejor. Parte de lo que era el Bayern era colectiva, pero no mejor.

Como si llegara para sacar al plumilla del callejón sin salida de sus cavilaciones, Arda apareció en el 20 con una falta gloriosa, un zurdazo perfecto a la escuadra de Neuer. ¿Cuánto tiempo llevábamos sin ver una falta así?

Neuer nos parecía una madre y Kompany, con su chándal de rapero o de entrenador infantil (disrespect para los futbolistas) de repente parecía un rider.

El Madrid se vino arriba. Todos lo hicimos. Pero a mayor alegría mayor miedo. Entraba una sensación rara, como de ganas de ahorrar, de abrirse un seguro. En el equipo la euforia hacía correr, crecer, pero se sentía que Vini no terminaba de estar del todo y Brahim dejaba una sensación de insuficiencia, de subdesarrollo...

Y otra vez el arreón alemán. Se nota que el Bayern es el gran rival del Madrid por la cantidad de sinónimos que hemos desarrollado: alemán, teutón, germano, bávaro...como para un Un, Dos, Tres.

En otra jugada, con casi todos ellos en campo blanco, Upamecano rompió (subió), Vini mirando, pasó a Kane, que controló y al hacerlo sentimos que ya era gol, como si la imagen viniera con retardo.

El partido se hacía idéntico al final de la ida, rompía a lujoso correcalles: Trent lanzaba un gran pase, luego Vini chutaba al larguero y en el 42 llegaba el 2-3, una rápida combinación de Vinicius con Mbappé, como una flecha partiendo al Bayern por el centro.

El Madrid había metido tres goles en Munich en 45 minutos. Era algo tan bueno que podía ser hasta demasiado bueno.

El equipo adquiría el mejor tono de la temporada. Bellingham alcanzaba su nivel. Hay equipos que se construyen para la Champions, pero al Madrid es la Champions la que le construye.

La cara de Chendo tenía su rictus inconfundible, la mandíbula desbocada con el chicle, la mirada fija casi perdida y, a la vez, un semblante de tranquilidad madrileña.

En la segunda parte entró Davies por ellos, y el Madrid tardó unos minutos en aterrizar en el partido, pero cuando lo hizo fue con peligro, en una gran remate de Mbappé, fulgurante al pase de Trent. Neuer la detuvo fijando un brazo, haciéndose árbol.

El Madrid, con Bellingham igualmente notable, se cerraba bien y salía a la contra creando peligro cierto. Crecía en personalidad. Creo que estuvimos a punto de sentir lo que pudo haber sido este equipo. Quiero decir, que casi sentimos una impronta, una personalidad en esos minutos que mezclaban la solidaridad con las amenazas.

Kimmich ya tenía otra cara... (en el Bayern los jugadores en lugar de heredar el brazalete heredan la cara de alemán del Bayern, que se pasa de generación en generación...)

Por mucha inteligencia de ratón que le pusiera Brahim, le faltaban piernas, cuerpo y centímetros y esa media necesitaba otra cosa, y en el 60 se produjo una flexión del partido; por ellos entró Musiala, por el Madrid Camavinga. Asombra cómo le ha cambiado la mirada a este chico. La que tenía al llegar y la que tiene ahora. Es como el presidio en los dramas carcelarios (”Te rompe el espíritu”...).

En las salidas del Madrid había una constante, la más clara, que era Trent buscando, con centros o con correr de gacela, a Mbappé, como si hablaran lo mismo, el mismo sedoso lenguaje superdotado. Vinicius estaba peor, menos acertado en las decisiones. Cuando fallaba, gritaba y también gritaba Upamecano, de modo que parecían dos locos.

En esos minutos había miedo. El cronista sentía miedo. Es por algo que en el dicho “más miedo que once viejas” sean once, precisamente once. El partido era bloque bajo y miedo, la mezcla deliciosa de las dos. Era un sufrimiento placentero. Hemos aprendido a disfrutarlo y pasamos el año esperándolo. Nuestro ser querido (el Madrid) al borde de la vía.

Olise había estado huyendo a Mendy como si fuera un cobrador, pero ya hizo estirarse a Lunin.

El bloque bajo del Madrid parecía estar hecho por acumulación; hecho de desesperación, lecciones, escarmientos; hecho de errores, impotencias y fracasos... Volvíamos a esa misma sensación, pero el gol se sentía más cerca. No hacía falta un milagro. Por ejemplo, Mbappé hizo una jugada marciana en el 70 que Vini no aprovechó.

En esos minutos se llegó al cénit cuando se invirtieron los bloques y el Madrid encajonó a los alemanes.

¡Otra vez se sintió lo bueno como malo! Las agonías eran máximas y las supersticiones aparecían compensando lo táctico. Era malo que el Madrid hubiera llegado a estar tan bien como para que el otro se pusiera en bloque bajo... ¿no era como ceder la posición antes de la llave definitiva del partido?

Y al poco, sí, llegó la expulsión. Camavinga se llevó la pelotita con su trotecito de poni gilipollas y el árbitro le sacó la segunda amarilla con demasiada severidad, y así lo sintió el equipo.

(Al ver el correr de caballo jerezano de Olise sentimos que Camavinga tenía que haber ido más por allí, haber ganado altivez, no rastafarismo).

Con diez y poca reestructuración, o más bien ninguna, el Madrid, que por fin se había hecho bloque, uno, entero, sin fisuras, ya era un gruyer con la colina desguarnecida para que llegaran los invasores, y por allí que lo hicieron, primero Luis Díaz, con un tiro colocado y luego, el 4-3, ya en el descuento, con un tiro aun más colocado de Olise, tan suave, decía un cronista inglés, como la puerta de un Rolls Royce al cerrarse.

Era la puerta de la temporada.

En la grada, todos tenían cara de Muller. Gritaban años de sometimiento.

Arbeloa, a su modo, también lo estaba consiguiendo. Cuatro meses sin mover un músculo de la cara. Ni una ceja. ¿Es una apuesta? ¿alguna clase de estoicismo? Se valora la inmensa disciplina para conseguirlo.

Los músculos de la cara los domina Arbeloa. Los movimientos de los jugadores ya es otra cosa, aunque al final del partido todos rodeaban al árbitro de una forma prometedora. Era la presión, por fin.
 

miércoles, 15 de abril de 2026

A los políticos y militares (¿dónde está la distinción?) españoles



Guerra, s. Subproducto de las artes de la paz. Un período de amistad internacional es la situación política más amenazadora. El estudioso de la historia que no ha aprendido a esperar lo inesperado, puede perder la esperanza de cualquier revelación. La máxima "En tiempo de paz prepara la guerra" tiene un significado más profundo de lo que parece; quiere decir, no sólo que todas las cosas terrestres tienen un fin, que el cambio es la única ley inmutable y eterna, sino que el terreno de la paz está sembrado con las semillas de la guerra y favorece su germinación y crecimiento.
Cuando Kubla Khan decretó su "majestuoso palacio de placeres", es decir cuando hubo paz en Xanadú y gordos festines, sólo entonces, "oyó a lo lejos antiguas voces que anunciaban guerra." (Las dos citas pertenecen a Kubla Khan, poema inconcluso de Coleridge.) Coleridge era no sólo un gran poeta, sino un hombre sabio, y no en vano recitó esta parábola. Necesitamos menos "manos tendidas por encima de los mares", y algo más de esa desconfianza elemental que constituye la seguridad de las naciones. La guerra se complace en venir como un ladrón en la noche; y la noche está hecha de promesas de amistad eterna.

DICCIONARIO DEL DIABLO / AMBROSE BIERCE 


[Marzo, 2011]

martes, 14 de abril de 2026

La Edad de Piedra


Andrew Jackson

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los liberalios nos vendieron la guerra americana de liberación de las mujeres en Persia como un “Bienvenido, Mister Marshall” en Teherán, que no es Villar del Río, y ahora resulta que para eliminar el velo de la opresión femenina hay que sacar a aquel país de la Edad Media y enviarlo a la Edad de Piedra, “where they belong”, en palabras de Trump, que ha llevado a la Casa Blanca el lenguaje de las partidas de cartas en la guarida de los Soprano.


El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán el Infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá. Presidente Donald J. Trump.


Es el mensaje de Pascua al mundo del tipo en quien su pastora Paula White ve a Jesucristo, revelación que tiene a los liberalios con los ojos bailando como bolitas de alcanfor. (Para los tibios, “The Guardian” habla de un cable del secretario Rubio ordenando a su personal levas “de ‘influencers’ y académicos para trasmitir mensajes” de la unidad de operaciones psicológicas del Pentágono).


Los yankis tienen (tenían) dinero, pero carecen de pasado, y de ahí su obsesión con la Edad de Piedra, que para ellos es una mezcla de “La decadencia de Occidente” de Spengler y “Las Tres Edades” de Buster Keaton, con dibujos de los Picapiedra y textos atapuercanos de Arsuaga. Su civilización no es el trabajo, sino el dinero. La civilización, según Dalmacio Negro, nació con la condición de ganar dinero con el dinero, con el préstamo: los bancos son construidos como los templos, cosa que viene de los templarios, que tenían el dinero en sus templos-fortalezas, que por eso Montesquieu llegó a entender la función de la Torre del Oro en Sevilla.


La consagración imperial del estilo gansteril en el mensaje trumpiano de Pascua no viene del Jefferson de “el dinero y no la moral es el principio de las naciones fuertes”, sino del Jackson que reparte el Banco Nacional en “Petits Banques” entre sus amigos, “inventando” la corrupción presidencial, tras seis presidencias ejemplares de espiritualidad política. Un racista, lo describe Trevijano, que concibió el “destino manifiesto” de la joven nación como un exterminio de los diablos indios y los íncubos españoles, pero que logró fama legendaria en la defensa de Nueva Orleans contra los ingleses. El interés por la política había disminuido, y su lugar lo ocupó la fama.


Nadie había obtenido antes una votación popular semejante. Y rodeado de una camarilla de aduladores aprovechados, Jackson rompió la tradición de honestidad de la República introduciendo el “spoil system”, el reparto de los puestos del Estado entre sus partidarios.


La Edad de Piedra ya había sido el sueño húmedo (instigado por Churchill) del gobierno americano para Rusia entre el 45 y el 49.


[Martes, 7 de Abril] 

Martes, 14 de Abril

 


Valle de Esteban

la mano que dará muerte a la serpiente en su lecho de oro

lunes, 13 de abril de 2026

A él tampoco lo querían





Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Dediqué el Parón de Selecciones (y otros Combinados Autonómicos, como el nuestro) a revivir el último Mundial “antiguo”, que fue el de México en el 86, donde brillaron, aparte Miguel Muñoz gritando a sus centrocampistas “¡Balones altos a Eloy!” en pleno Waterloo español ante Bélgica, el culebrilla Butragueño en el Dinamarca-España (se movía en el área como la serpiente del Génesis en el Jardín del Edén) y el trencilla-linemán Sánchez Arminio en el Bélgica-Urss, cuando la Urss era el Dinamo de Kiev de Lobanovski más el portero Dasaev (“Rafaé” para los sevillistas) del Spartak de Moscú. Arminio marcaba el ataque soviético, y los eliminó con fueras de juego inexistentes.


Moscú hoy está en guerra con Kiev por la invasión de Ucrania, acción tan fea que llevó a Infantino a dejar a Rusia fuera del Mundial de Estados Unidos, invasor, por su parte, de unos cuantos países, si bien dentro de un orden liberal, lo que le permite eludir el escrúpulo moral de Infantino y organizar estos eventos.


El caso es que al revivir el México’86 he vuelto a vivir el gol de Maradona a Inglaterra con “la mano de Dios”, y que en el estadio nos pareció una cantada (casillesca, diríamos hoy) del pobre Peter Shilton.


“¿Qué pasó con Diego antes del Mundial’86?”, preguntan a Bilardo, seleccionador argentino en México, en un video de “En Crudo”. Y la respuesta de Bilardo abrirá los ojos a quienes todavía se preguntan qué le pasa al selecto periodismo con Vinicius (sin ánimo de comparar a dos futbolistas de época; si acaso, a dos épocas del periodismo).


A Diego la mayoría de la gente no lo quería –responde Bilardo.


¿Por qué la mayoría de la gente no lo quiere y usted lo pone?, acosaban las maras mediáticas al seleccionador más utilitarista que ha dado Argentina, cuya filosofía futbolera se resume en dicharachos que todos recuerdan. “En otros espectáculos la gente grita ‘¡otra!, ¡otra!’. En el fútbol, la gente está sufriendo porque quiere la hora. Es un espectáculo para el imparcial, pero para el hincha es un espectáculo en el que prevalece el resultado”. “Ganar no es lo más importante, es lo único. Ser segundo no vale. ¿Vos ‘sabés’ quién pisó América después de Colón? Yo no”. “Perdón, si se la siguen dando a los de amarillo, vamos a perder”. Y este hombre salvó a Maradona, llevándolo a la Selección contra la mediatizada opinión de la gente.


Lo pongo porque para mí es un crack –contestaba a los gargajos mediáticos–. Uno como él sale sólo cada veinte años.


Y añadía: “Entonces se enojaron porque les dije: ‘Único titular’. Con esto se enojaron más todavía. Yo daba la conferencia de prensa y les decía: ‘Os dejo con el mejor jugador del mundo’. Y los periodistas se calentaban como locos. Toda la prensa la tenía en contra. Hasta que tuvieron que reconocer lo que había. No entendían”.


Esencialmente, así ha sido siempre la relación periodismo-público-genios del fútbol. Conste, pues, que la barbarie mediática contra Vinicius fue la barbarie mediática contra Diego Maradona, el más grande. Bilardo lo conoció en el 83, el año de la coz de Goicoechea al argentino en el Campo Nuevo. Recordemos: “Disputa de balón”, lo definió el bizarro central vascongado, que de “la anécdota de Maradona” (sic) le quedó “el cariño de mi gente de Bilbao en el partido siguiente, contra el Lech Poznan, que se me pusieron los pelos de punta”… Bizarro… ¡y facundo!:


Maradona no murió en aquella entrada, que empezó curiosamente a ganar títulos justo después. Lo de Schuster fue distinto. El propio doctor del Barcelona reconoció que Schuster había venido lesionado del Colonia, pero se me cargó a mí


Agarrémonos, pues, a Vinicius y a la superstición para tumbar al Bayern el martes. En el San José del 24 se anunció el fin de la temporada para Courtois; sin él, el Madrid eliminó al Bayern y levantó la “15” en Londres. En el San José del 26, se ha anunciado el fin de temporada para Courtois; sin él, el Madrid ha de eliminar al Bayern para allanarse el camino hacia la “16” en Budapest.


[Sábado, 4 de Abril]



La mano de Dios  

Primera novillada de la temporada. Una tarde sin plan. Pepe Campos



Pepe Campos



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Domingo, 12 de abril de 2026. Primera novillada de la temporada. Cuatro novillos de Hermanos Sánchez Herrero y dos de López Gibaja, todos nobles. Un tercio de entrada. Tarde primaveral que comenzó fresca y acabó con aire frío; el cielo encapotado se fue abriendo hacia el color celeste y un sol de ocaso.


Cuatro novillos de Hermanos Sánchez Herrero (origen Domecq, línea Aldeanueva), lidiados como 1º, 2º, 3º y 5º, bien presentados, flojos (2º, 3º y 5º), mansos en general, dieron juego, aunque a menos; el primero, un ejemplar colorado con magnífica embestida y transmisión, el segundo, de menor pujanza, el tercero descompuesto al salir de varas y el quinto, sin fijeza. Dos novillos de López Gibaja (origen Domecq, línea El Torero), lidiados como 4º y 6º, bien presentados, mansos, con poca fuerza, el cuarto de poco celo y el sexto, manejable.


Suerte de varas: como norma se picó trasero a los novillos. El primer novillo se repuchó en la segunda vara. Al segundo se le tapó la salida en su segunda vara. Con el tercero la suerte de varas fue un destrozo, con varas traseras y caídas. El cuarto picado por Pedro Iturralde, recibió una primera vara al relance, excesiva, caída y trasera, mientras en la segunda, la puya estuvo en la cruz, siendo solo señalada. Con el quinto sonó el estribo. El sexto fue mejor puesto al caballo, cayendo trasera la primera y recibiendo un picotazo bien señalado en la segunda.  


Terna: Jesús Romero, de Villanueva de la Torre (Guadalajara), de blanco y oro, con cabos negros; de veintidós años; silencio con aviso y silencio. Mariscal Ruiz, de Sevilla, de azul celeste y oro; veintiún años; silencio tras aviso y silencio tras aviso. Pedro Andrés, de Vitoria, de azul oscuro y oro; veintidós años; silencio tras aviso y silencio tras un aviso. Jesús Romero y Pedro Andrés se presentaban en Las Ventas.


Se suele decir que los aficionados a los toros en todas las corridas que presencian, por muy aburridas que puedan ser, siempre ven algo de mérito o de valor. Pues bien, ayer no sucedió así; puede que por la falta de plan de los novilleros, por el desacierto de los banderilleros y lidiadores o por la pertinaz impericia de los picadores. Ayer tarde el paciente aficionado de Las Ventas se fue a su casa sin haber visto nada encomiable, a pesar de que los novillos de procedencia Domecq se dejaban torear sin plantear demasiados problemas. Era triste observar como tanto aficionado joven novel, que ya son asiduos a la plaza de Madrid, no tenían a la vista nada de interés para echarse al magín, según lo que iba sucediendo en el ruedo en las lidias y en las faenas, ninguna cosa que les pudiera servir de referencia para poder compararlo —y contrastarlo— con lo que en otros festejos pudieron experimentar como un lance valioso, una lidia adecuada, una vara emocionante, una faena estructurada, un natural de enjundia o una estocada hasta las péndolas. Todo lo que ayer iba sucediendo en la arena de Las Ventas era como un sinfín de naderías, de futesas, de insignificancias o de hojarascas, todo ello muy apropiado como cuando nos sucede que no hay ningún plan en lo que hacemos, o se hace, porque en realidad los que no tenían propósitos eran los toreros, ya fuesen matadores, peones de brega o piqueros. Pareció como que todos ellos fueron a echar la tarde, en atardecer bucólico que acabó soleado en las andanadas de oriente y aterido en los restantes graderíos.


Dado los tiempos que vivimos, con enorme afluencia de jóvenes a Las Ventas en corridas de toros y en novilladas, ni que decir tiene que la empresa de Madrid debería cuidar más los carteles y dotarlos de un interés, de un aliciente, de un contenido, para que se garantice un mínimo de calidad en el desarrollo del festejo. Cierto que es difícil conocer el comportamiento de los toros (ayer novillos) antes de ser lidiados; pero en esto, no tanto, pues se ha fabricado un tipo de astado para que lo toree «Curro Romero» o «Rafael de Paula», aunque estos toreros ya no están, ni se les espera. Es decir, se ha creado un tipo de animal que embiste y da juego, si bien ese torero artista está a la fuga, y el asunto no es buscar únicamente este modelo de espectáculo bonancible, sino tal vez diseñar todo lo contrario y volver al toro (novillo) de raza que dé problemas a los lidiadores. Ya, tan solo con esto, y con la posible resolución de los mismos, la diversión quedaría asegurada con toda seguridad. No hay que buscar un toro para que lo toree un artista, sino más bien algo diametralmente opuesto, un toro fuerte para que un hombre le domine y en ello se encuentre la emoción. Por otro lado están esas metas de los hombres que se visten de luces, que parece como que hoy les faltara aquello que se denominaba en otros tiempos «amor propio», dejémoslo en simple «pundonor», una mira de dejar huella, de querer mostrarse, de significarse; en fin, de ser alguien. Aquí tarea ardua la que nos pueda llevar si queremos recuperar la suerte de varas, en la que notamos una desidia galopante en la gente de a caballo actual o varilargueros, porque pican con mecánica, sin ánimo, sin deseo; con sus consecuencias, al picar sin detener, trasero, caído, haciendo la carioca, barrenando, es decir, disminuyendo el poder del toro sin motivo.


Un largo etcétera de ausencias se nota en la planificación de la tauromaquia actual, incluyendo la consabida tendencia a las lidias sin hilván, y a las faenas desestructuradas, largas, sin inicio, nudo, ni desenlace. Aparte de la incorrecta colocación entre torero y toro. Todo ello en esa carencia de plan que la tarde tuvo en los tres actuantes principales. En los tres novilleros que ayer pisaron la arena de Madrid. En primer lugar vimos a Jesús Romero, que al recibir a su primer novillo hizo concebir que tenía un atisbado parecido con su padre por las verónicas dibujadas rematadas con una larga. Ahí quedó ese lejano asemejarse, y en los pases de pecho de cierta galanura que pretendió dar en contadas ocasiones a sus dos enemigos. El resto de su labor no tomó vuelo pues empleó el toreo moderno de la actualidad, de facilidades y olvidos. Mató a su primer buen novillo en la suerte natural de estocada delantera y caída. A su segundo de un pinchazo en la suerte natural y de una estocada haciendo guardia en la suerte contraria, más un descabello.


Respecto a Mariscal Ruiz, se puede decir que toreó sin dominar a sus novillos y sin acoplarse. Su primer novillo fue a su aire en la faena y lo mató de una estocada caída en la suerte contraria. A su segundo le toreó sin ajustarse y sin cruzarse, y el resultado fueron enganchones y desacople. Lo mató tras cuatro pinchazos y una estocada baja en la suerte contraria.

 

Por su parte, Pedro Andrés comenzó la tarde despatarrado, luego envarado y despegado. A ese novillo lo toreó por fuera, con enganchones. Lo mató de un pinchazo soltando y otro tendido y hondo en la suerte natural, tras perder la muleta, más dos descabellos. En el último novillo de la tarde, su actitud cambió y quiso ir a por el triunfo, a su manera. Toreó envarado, forzado, tandas de dos y el de pecho. Formas toscas. La labor pareció ir a más. Con manoletinas externas finales. Mató de una estocada a capón, desprendida, en la suerte contraria, perdiendo la muleta, y dos descabellos.



Novillero en tierra 

domingo, 12 de abril de 2026

Jornada "retro"

 
Real Zaragoza subcampeón de liga. Nieves, Rico, Ovejero, Violeta Planas y Soto.
                         debajo: Duñabeitia, Gª Castany, Diarte, Arrúa y Blanco
 
 
 Que  no vale el gol. Que dice Dios que es fuera de juego
  

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 
           En esta jornada 35 de Segunda División y 31 de Primera ha preparado la Liga una especie de desfile de indumentarias para recordar el tiempo en que los equipos de fútbol vestían con el respeto que se debe a sus clubes y abonados. En El Plantío se veían las caras el Burgos y el Spórting de Gijón y como siempre que toca el enfrentamiento pues en mi cabeza se agolparon esos ramalazos "retro" que se marcaron "a jierro". 77,78,79... fueron los mejores años del Burgos y sobre todo del Spórting y recuerdo perfectamente un equipo asturiano avasallador que pasó por El Plantío una mañana a las 12. No he olvidado que el Tito Valdés falló un penalty dos veces y recuerdo a Quini goleador, marcó dos, a Joaquín y sobre todo a Mesa y Ferrero. "Nadie jugaba entonces a las doce. Sólo el Rayo Vallecano y el San Andrés", me decían y me hicieron dudar hasta que investigué y resulta que el partido fue el día de Nochevieja del 78, domingo, y la cosa cuadra. En el mismo mes pasó lo de las votaciones de la Constitución que yo estaba seguro de haber votado y me lo corrigió alguien que se asomaba aquí en Salmonetes. Investigando resultó que un decreto-ley permitió rebajar la edad de la mayoría de edad de los 21 a los 18, pocos días antes del 6 de diciembre, por lo que queda claro que aquellos años se me grabaron como los mejores de mi vida. Recuerdo ir al Bernabeu por ver a Juanito, ganaba ya mis pesetillas en la San Miguel, y no entendía que le pitaran como le pitaban. El caso es que a aquel Sporting daba gusto verlo. Tanto que estuvo a punto de ganar una liga. Quedó subcampeón esa 78/79. El Burgos, ya sin Juanito, aún aguantó unos años con Viteri, García Navajas, Aguilera, Valdés, Igartúa, Chazarreta, Benegas... Muy buenos equipos los dos, como lo era el Zaragoza de la época, con Arrúa, el mejor tirador de penaltys que he visto -con permiso de Neeskens-, Antic, Victor, García Castany...  y que anoche vino a El Arcángel sin parecer ni sombra de lo que fue. Ésta mañana en mi paseo de rigor he encontrado un grupo maño al que le sacaré un lustro. A los hombres les he nombrado a Rico, que era de Melgar de Fernamental, a Juanjo... y sólo uno recordaba a  Rico. A Juanjo -¡cómo se dejaba caer en el área!-, ninguno. "Me da mucha pena el Zaragoza" les he dicho, y es verdad. Es el peor equipo que ha pasado esta temporada por Córdoba y el pírrico 1-0 pudo muy bien haber sido un 4-0. El Córdoba va a acabar la temporada con un cinquillo. Un aprobado sin emoción. El Zaragoza me da que con el Teruel en 1ª Rfef. ¡¡¡Con el Teruel, el equipo en el que jugó Jordao, Diarte, los Milito...!!!


     El Burgos del 78 jugaba al contraataque y a Arsenio Iglesias se le silbaba mucho en El Plantío por defensivo. Creo que Ramis lo es mucho más, pero quizás lo sea por lo mismo que el Julián Calero que inició esta nueva prosperidad del equipo. Porque no queda más remedio cuando la necesidad aprieta. El Burgos-Spórting resultó como suelen los partidos del Burgos. Trabado, presión, robos, pérdidas sin ser forzados, errores de cadetes y un cero-cero que no corría riesgos, pero el Burgos, además de defender como nadie, le empieza a acompañar la fortuna y en el minuto 91, Fer Niño, un nueve perfecto para Segunda y que creo luciría mucho en equipo más ofensivo, coge un balón en el medio del campo, se planta en el área, regatea como si fuera brasileño y ¡pum! uno a cero. Tres puntos más. Es el Burgos un dolor para los contrarios y lo veo amargando las tardes a equipos con mayores créditos y predicamento entre los críticos. También lo veo jugando el play off... y el Oviedo ascendió en parecidas circunstancias.


     En esta jornada retro vemos las equipaciones que emborronó el márketing; en los árbitros las camisetas que llevaban Ramos Marcos ó Andújar Oliver... pero no se ha prescindido del VAR, ese chisme que no había entonces. Anoche me hizo pasar un berrinche cuando anuló un gol a Kevin Medina por un fuera de juego que visto en las pantallas del estadio, asombró y cabreó a El Arcángel entero. Desde la mamarracha corrección, el murciano señor Lax Franco pasó de árbitro a bedel y todo fueron nervios y despropósitos.. Antes se equivocaba el hombre.

¡Pero Tony!



Tony

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo propio de la época es pasarse los hechos por la entrepierna, justo, decía D’Ors, donde todo hombre lleva su argumento.
    

¡Pero Tony–exclamó una noche Paco Rabal al ver el argumento de Tony Leblanc en el urinario de Duchamp de un “after hours”.
   

Una desgracia, Paco. ¡Una desgracia! Es como tener joroba –acertó a disculparse “El Tigre de Chamberí”.
    

Es el “¡Pero Tony!” que se le escapó a uno al leer que Tony Blair vive… y opina que es una “táctica extraña” declarar que no estamos por la tercera guerra mundial.
    

Tony llevó a los ingleses cinco veces a la guerra: ataques a Sadam en el 98, a Kosovo en el 99, a Sierra Leona y a Afganistán en el 2000 y, la más gorda, a Iraq en el 2003, que es la que nos vendió a nosotros, con sus bombardeos de alfombra sobre poblaciones y con su centro de recreo en Abu Ghraib (contra el que nunca ha dicho una palabra), la guerra que jamás les hubiéramos comprado ni a Bush, que intentó, sin éxito, engatusar a Juan Pablo II, ni a Aznar, que tiraba de guerra justa y escuela de Salamanca, como le sugerían sus flabelíferos. ¿Cómo nos cameló Tony, si mira como el cuervo del ventrílocuo Moreno? La “reductio ad hitlerum” la hace Boris Johnson: “Mediante frases cortas, sin verbo, carentes de significado gramatical, pero pletóricas de capacidad de sugestión”. Sí, como el cabo austriaco.


    Tony fue el tonto útil de los CheneyPowellWolfowitzPerle y demás seres del “ténèbre” neocón (un mote setentero de Harrington) proveniente de la izquierda dura cuyo legado es la guerra preventiva.
    

Sólo sé lo que creo –dice Tony (hubiera sido su argumento d’orsiano en La Haya).


    John Gray, que le hizo un traje, sostiene que para Blair la verdad es aquello que sirva a su causa: los tópicos del momento son para él verdades eternas y, como Bush, concibe las relaciones internacionales en términos teológicos. Cuando dijo que su decisión de invadir Iraq sería juzgada por Dios, su popularidad se disparó. Por él, envidaríamos con la movida nuclear.

[Marzo, 2022] 

Domingo, 12 de Abril

 


Valle de Esteban

Audi con gato

Paz a vosotros

 DOMINGO, 12 DE ABRIL


Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:


-Paz a vosotros.


Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:


-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.


Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:


-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.


Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:


-Paz a vosotros.


Luego dijo a Tomás:


-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.


Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo:


-¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto.


Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.


Juan 20, 19-31

sábado, 11 de abril de 2026

Más allá de la contienda



Romain Rolland

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo menos importante en Romain Rolland es su Nobel de Literatura, piñata que no garantiza la inmortalidad, como sabemos por nuestro Echegaray. Nos dejó un juego de conceptos (contra el pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad) con que pretendía sacar a Gramsci de la cárcel de Mussolini y un consejo definitivo para cuando los tiempos se ponen interesantes: aprender a estar solos en el mundo, y si fuera necesario, frente al mundo, como él con “Más allá de la contienda”, un artículo que fue “piedra fundacional de la invisible iglesia europea”, en palabras de Stefan Zweig, su amigo y prologuista.


    –¡Oh, heroica juventud del mundo, con qué pródiga alegría viertes tu sangre en la tierra hambrienta! –arranca el escrito de Rolland, que le valió ser ultrajado por las elites de todos los países beligerantes, que proclaman convencidos que la causa de sus pueblos son la causa de Dios, de la libertad y del progreso.


    Rolland analiza la actitud de cristianos y socialistas ante la guerra (“¡una especie de diletantismo neroniano!”) y concluye que no había razón alguna para la catástrofe. Todos se califican mutuamente como bárbaros: Bergson acá, o allá Thomas Mann, que vindica con orgullo todos los hechos atribuidos a Alemania en “la guerra de la Kultur contra la civilización”, y define Kultur como “organización espiritual del mundo” que no excluye “el salvajismo sangriento”. Kultur “con una K mayúscula, rectilínea y de cuatro puntas, como un caballo de Frisia”, escribe a Rolland nuestro Unamuno.


    –Actualmente, T. Mann es un sombrero de Gessler, ante el que se tienen que inclinar todos para no ser perseguidos como neonazis –anota en su diario del 55 Schmitt (el sombrero de Gessler simboliza la necesidad de rendir un tributo, según leyenda del XIV, cuando Guillermo Tell se negó a inclinarse ante una birreta sobre una lanza por el corregidor suizo Hermann Gessler).


    La civilización europea es una máquina de moler, acababa de decir en Tokio (junio del 16) Tagore, reverenciado por Rolland: “Es una civilización de caníbales y crea el vacío a su alrededor. Es científica, pero no humana. En nombre del patriotismo, tiende sin pudor sus redes de mentiras. La Ganancia es el único dios al que adora. No durará para siempre”…


    Para Rolland, el rasgo más chocante de “esta epopeya monstruosa”, el hecho sin precedentes, “es la unanimidad a favor de la guerra en todas las naciones en contienda”. Observa a los metafísicos, los poetas y los historiadores librando combates singulares, con la cosa de que “la fatalidad de la guerra es más fuerte que cualquier voluntad”.


    –¡Nada de fatalidad! La fatalidad es lo que nosotros queremos. Y también es lo que no queremos con suficiente intensidad. Ni las elites intelectuales ni las Iglesias ni partidos obreros han querido la guerra. Pero ¿qué han hecho para impedirla? ¿Qué hacen para atenuarla?

 
    Avivar el incendio y echar su ramita al fuego.

 

[Marzo, 2023] 

Sábado, 11 de Abril

 


Valle de Esteban

Moai-sur-Mer

viernes, 10 de abril de 2026

Russell y la Paz Atómica



Russell lee el Manifiesto Einstein-Russell


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Con los fogonazos americanos en Hiroshima y Nagasaki, Bertrand Russell es la primera inteligencia en darse cuenta de la nueva situación: en una guerra nuclear ningún bando puede esperar la victoria, con lo que la única esperanza es evitar la guerra, y promueve un manifiesto para reclamar una manera de pensar que haga posible la evitación de la guerra, ésa que hoy jalean los Manolos del Bombo Liberalio.


    “Otra manera de pensar”, es la clave, no “prohibir las bombas”, pues en caso de necesidad volverían a fabricarlas: “Hay algo más fuerte que la autoconservación: el deseo de vencer al otro”. A Russell le había horrorizado escuchar a la señora Roosevelt proclamar que “era mejor la aniquilación de la raza humana antes que sucumbir al comunismo”.
    

El primer gesto surgió de la colaboración entre Einstein y yo. Einstein firmó en su última semana de vida.
    

Einstein y Russell no son el doctor Carballo y Dani Innerarity. Russell escribe a Eisenhower y a Kruschev: “Muy poderosos señores míos”. Acaba en la cárcel (en coche celular, no en taxi, como en ocasiones anteriores) por incitación a la “desobediencia civil”.
    

¡Qué vergüenza! ¡Un anciano de 88 años! –exclaman entre el público, y Russell se ofende porque no comprende qué tiene que ver la edad con la culpabilidad.


    Unos “Espías por la paz” averiguan los planes del gobierno inglés para actuar en caso de guerra nuclear. UK se dividiría en regiones, cada una con su propio gobierno y poderes autocráticos constituidos por un cuerpo de oficiales predesignado e instalado en Sedes Regionales de Gobierno subterráneas. Ellos decidirían la suerte de los demás ante la radiación, algo así como lo visto en las “raves” de Boris Johnson en Downing Street durante la pandemia.
    

El protocolo inglés para la guerra nuclear parece la base intelectual de las ideas políticas que seis hombres impusieron, con Suárez a los mandos (se dice pronto), ese método disolvente de la conciencia de España que es el Estado de las Autonomías.

[Marzo, 2022] 

jueves, 9 de abril de 2026

Los "Pagapeos"


Olise. Quizás el jugador más en forma de la Champions


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        

        Al mover el otro día unos bultos en la casa del pueblo de mi doña apareció un libro que leí hace años, me encantó y no sabía dónde había dejado. Trata de la independencia de las naciones de América del Sur y está escrito por Francisco Herrera Luque, venezolano que describe con amenidad y maestría el sistema de castas que a principios del 1800 manejaba aquellos territorios. Mandaban los blancos y estos blancos se dividían en varias categorías: Los primus inter pares eran los blancos descendientes de conquistadores, criollos que se decían mantuanos porque sus mujeres tenían derecho a llevar manto por tratar a la Virgen María como si fuera prima suya, los blancos de orilla que eran casi todos los llegados de la península ibérica; los blancos isleños venían a ser los canarios además de los blancos vascos, que ésos debían ser la releche. Sólo los criollos podían asistir a misa a la Catedral de Caracas. Isleños, mestizos, negros... cada raza tenía su iglesia particular  y al echar el domingo de Resurrección una miradita a aquellos detalles que tanto me agradaron aparece La Candelaria ¡cómo no! para los canarios, Altagracia para los pardos-mestizos o San Mauricio para los negros. Las damas criollas se hacían acompañar a la Catedral por dos, tres, cuatro y hasta cinco esclavas negras jóvenes -cuantas más, mayor estatus- pero hasta entre aquellas empingorotadas señoras bullía alguna miseria y Herrera Luque documenta el caso histórico de una matrona mantuana aquejada de meteorismo -flatulencias sonoras- que al arrodillarse, como es de rigor, se acentuaba. Se resolvió el problema colocando a su lado una negrita a la que por cada cuesco del ama recibía la esclava un coscorrón, como si fuera ella la de la incontinencia. A la infeliz receptora de los capones se la conoció con el sobrenombre de la "Pagapeos" y así lo dejó escrito el cronista de Caracas, Aquiles Nazoa.


     Perdonen la licencia de aficionado con esta extraña muleta, pero para mí los cuartos de la Champions vendrían a ser como la  misa de Catedral en Venezuela allá por 1808, donde sólo entran los aristócratas. Entre estos exquisitos, los hay con ciertas debilidades que los veteranos llevamos tiempo detectando. No se nos toma en serio porque así ha de ser, pero el Barça no defiende bien, el Atleti además de irregular sorprende, Simeone mediante, con alineaciones y tácticas inmasticables; al Real Madrid le falta asentarse atrás y convencerse que teniendo en cuenta la plantilla, su futuro está en el contraataque;  Arsenal y Bayern -excepto Olise y Kane- han perdido fiereza. Al PSG yo lo veo un poco por libre. Luis Enrique sabe que tiene en su plantilla talento por arrobas y además de en la táctica confía en inspiraciones de Vitinha, Dembelé, Doué, Kvaratsjelia... Me huele bien el PSG.


       El entrenador Flick, con ese fanatismo por el sistema que servidor reprocha cada domingo a Iván Ania y que también aqueja a José Alberto López, entrenador del Rácing de Santander -estos dos entrenadores tendrían su lugar en la iglesia de la Candelaria o Altagracia- busca su particular negrita a la que coscorrenear en los árbitros, inclinación muy extendida entre esa élite que desprecia a los jornaleros del fútbol y que cree que a ella se le ha de pitar con otros respetos. El jubilado señor Mateu Lahoz, que siempre adoleció de valentía con los débiles y encogimiento con los fuertes, ayuda y alienta en esa confusión desde la tele, enredando en lo simple y dejando sin aclarar sus renegridas disquisiciones. ¡Cuánto daño ha hecho y está haciendo este hombre al fútbol! Se atreve a corregir con condescendencia insultante no sólo a Kovacs, que no lo hizo mal, sino también a Clement Turpin o Michael Oliver, dos colegiados a los que me parece, envidia en demasía y les acusa de no señalar o sancionar jugadas corrientes que el árbitro valenciano convierte en complejas con su extravagante mirar y lo que es peor, su doctrinario perverso para sus colegas de la liga española.

 

    No se sabe qué pasará en la vuelta, pero espero que todos los equipos dejen de echar mano de sus particulares negritas "pagapeos".