domingo, 11 de octubre de 2026

Feria de Otoño'26. Seis novillos de distintas ganaderías para Álvaro Serrano. Ni éxito ni fracaso. Campos & Moore


 

PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Sábado, 10 de octubre de 2026. Feria de Otoño 2026. Segunda novillada. Encierro de novillos de seis ganaderías para el novillero Álvaro Serrano. Bien presentados. Nobles y mansos. El primero de Domingo Hernández (procedencia Juan Pedro Domecq), pobre de pitones, flojo y de embestida pastueña. El segundo de Fuente Ymbro (procedencia Domecq, vía Jandilla), con movilidad y empuje. El tercero de Conde de Mayalde (procedencia Juan Pedro Domecq, más Juan Contreras), encastado, corto en la embestida. Cuarto de Luis González Conde (procedencia Domecq, con parte de Jandilla), fuerte y rebrincado, que exigía mando. Quinto de Montealto (procedencia Juan Pedro Domecq, con Algarra —Juan Pedro Domecq—), fuerte y encastado. Sexto de Julio de la Puerta (procedencia Juan Pedro domecq y Marqués de Domecq, con un ápice de Veragua), encastado con transmisión. Rozando el lleno. Tarde de otoño ideal.

Terna: Como único espada, Álvaro Serrano, de Navas del Rey (Madrid), de corinto y oro, y cabos blancos; veintitrés años; petición de oreja y ovación en el primero. Y silencio en el segundo. Fue corneado al comienzo de la faena de muleta del tercer novillo, del Conde de Mayalde, que le produjo una herida de 20 cm en el muslo derecho en su parte posterior por encima de la rodilla. Fue operado en la enfermería de la plaza.


Como sobresalientes actuaron Aitor Fernández —grana y oro— que mató el cuarto y el sexto; y Héctor Roberto —gris piedra y oro— que estoqueó el tercero y el quinto. 

Suerte de varas. Los picadores no estuvieron a la altura. Los novillos salieron sueltos de los encuentros con el piquero. Héctor Vicente al primer novillo, dos picotazos traseros. Francisco Javier Sánchez al segundo, trasero y rectificando. Luciano Briceño el tercero, trasero, rectificando y con metisaca. Marcial Rodríguez al cuarto, una buena primera vara, y una segunda, trasera y con metisaca. Pedro Iturralde al quinto: en la primera, trasero y tapando la salida: el novillo empujó e Iturralde sufrió un derribo, contactando su cuerpo con la arena en tres ocasiones, besándola. Espartaco al sexto, puyazo caído de primeras y picotazo en el segundo encuentro.



El reto que Álvaro Serrano se impuso en la novillada de ayer tarde, al intentar matar en solitario seis novillos de diferentes ganaderías, quedó frustrado cuando pasaba de muleta al tercer novillo, Tempranito, de 485 Kg, colorado ojo de perdiz chorreado, un animal que tenía trazas de toro y que cumplía los cuatro años en este mes de octubre. La cornada sobrevino al concluir el diestro de Navas del Rey la segunda tanda de pases de muleta, cuando mejor toreaba; y la sensación que estaba dando en ese instante era que comenzaba a asumir en serio el compromiso de salir bien parado de la encerrona a la que él mismo se había dado cita. El novillo era un ejemplar muy serio de la ganadería del Conde de Mayalde que había tenido un comportamiento de manso en el caballo y que se había dolido en banderillas. Previamente, Serrano, le había recibido con el capote de rodillas, por faroles, y continuado de pie con verónicas que no logró rematar. Más adelante, Serrano volvió a los faroles en un quite durante el tercio de banderillas. En la lidia del novillo, Raúl Ruiz, le intentó templar y alargar la embestida, pues el astado se quedaba corto, lo hizo mediante lances en círculo hacia atrás para enseñarle la manera adecuada de entrar y conducirse en las suertes. La impresión que dio al ser ejecutados tan excelentes capotazos, mientras el novillo se dolía al sentir las banderillas, es que el animal había quedado en buena disposición para que el matador iniciara la faena. Esta comenzó por bajo, con muletazos mandones, a la altura del tendido ocho, y tuvo una primera tanda en redondo por la derecha de garra, donde Serrano parecía que estaba sometiendo al astado, que a su vez, le había lanzado algún aviso de querer levantarle con su cuerna. En la segunda tanda de redondos, la que se veía como clave para que ese dominio se produjera, ya no pudo cerrarla el joven novillero pues fue corneado al quedarse muy quieto en un pase de pecho con la mano izquierda que cerraba la serie de derechazos. Un conjunto de pases que de haberle salido bien al torero habría sido fundamental en esa lucha que se estaba produciendo entre el morlaco y Álvaro Serrano para saber quien mandaba y alcanzaba la hegemonía y el poder. Fue una apuesta, la de quedarse estático en todos los pases, incluido el remate, que no finalizó con acierto; y la victoria en la confrontación se la llevó el novillo, con claridad, pues frustró los fines que pretendía el torero; y, se puede decir que, a su vez, las esperanzas del público de vivir una corrida trascendente.


El percance se produjo cuando el quid del envite por el dominio y el triunfo se estaba negociando. Podría pensarse que Serrano tuvo poca previsión y tenía que haber abordado con mayor cautela la pelea con el novillo, que le había mostrado malas intenciones, pero si las apuestas no se plantean, ni se lanzan, no existe la posibilidad del éxito mayor. Realmente fue un acto de valentía y de mala suerte, y sabemos que el mundo de los toros muestra esta cara, la del infortunio, si el toro gana la contienda. El desafío que había asumido Álvaro Serrano, según fueron lidiándose los novillos elegidos para el encierro, pareció a todas luces que estuvo muy bien concebido. La presentación de los astados fue como si asistiéramos a una corrida de toros y el juego de los mismos fue de menos a más, mostrando una mayoría de ellos fuerza y casta algo que se ajustaba a las condiciones que como torero había mostrado Serrano en sus dos comparecencias del mes de mayo pasado, cuando irrumpió en la plaza de Madrid con fuerza y con frescura, con una tauromaquia auténtica y variada, con conocimiento de las suertes y con buena colocación ante la cara del toro. Las dificultades que le planteó este novillo del Conde de Mayalde y que Serrano no pudo resolver, le va a suponer un antes y un después en su carrera, pues le privó de un triunfo importante, y a partir de ahora le sitúa en una dinámica de acertar en las siguientes apuestas que emprenda y que le vienen a la vuelta de la esquina, ya que la próxima temporada ya está ahí. Si Serrano da el paso adelante y sabe conducirse puede ser un torero a tener en cuenta en el futuro; si se achanta, pues será uno más de tantos que quisieron ser y no lo lograron. La envidada de encerrarse ayer con seis novillos fue seria y no estamos acostumbrados a que en el mundo de los toros se contraigan retos reales, legítimos y verdaderos. Esto queda en el haber de Álvaro Serrano. Un aspecto que en las mismas circunstancias otros novilleros no habían planteado en la misma medida en los últimos tiempos. Como pudimos ver ayer se iba a enfrentar —y no pudo hacerlo— a un ganado bien presentado y de juego ascendente —el único lunar el primer novillo de Domingo Hernández, que curiosamente fue por delante para impedir la censura de la afición—.

 
Con este primer astado Serrano inició su labor con verónicas genuflexo, que ya de pie remató a la altura del tendido ocho. Después realizó quites. La faena de muleta, breve, estuvo bien estructurada, ligando bien las tandas con el pase de pecho final. Toreó reunido aunque en ocasiones la pierna de salida tendía a estar retrasada —un pero—. El novillo, muy noble, no decía demasiado. La estocada en la suerte natural hizo guardia por estar atravesada y quitó brillantez a su trasteo. En el novillo de Fuente Ymbro de mayor dificultad, por su movilidad y mayor acometividad, Serrano no pudo plantearle a gusto las verónicas de saludo. Luego realizó un quite original que podríamos definir como navarras invertidas. En la faena de muleta Serrano se adaptó a las condiciones del animal. La faena en la segunda raya del nueve, también breve, con cuatro tandas. Mejor colocado Serrano que en su primero le sacó pases de mérito al natural, con suavidad y mando. Luego mató muy mal de tres pinchazos en la suerte natural, y contraria, y media defectuosa, atravesada, y dos descabellos. Aquí parecía, tras este repertorio de pinchazos, que la tarde se le iba a poner cuesta arriba. Después vino la apuesta mayor con el novillo del Conde de Mayalde y la trayectoria de la corrida quedó abortada.


De los sobresalientes podemos decir que hicieron lo que pudieron y llegaron hasta donde podían llegar. Los dos con muy pocos contratos y bagaje, y la edad echada encima. Héctor Roberto despachó al tercer y quinto novillos. Aitor Fernández, al cuarto y al sexto. Este novillero quiso plantearle combate a sus enemigos logrando algún buen pase suelto en una labor con altibajos de confianza y de oficio. Con su actuación terminó un encierro que pudo haber sido mucho más de lo que fue.
 

 

 


 

ANDREW MOORE

 

 

 



 

 
 

 


 

 

 

 
FIN