Pepe Campos
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 30 de julio de 2026. Final de la VI Copa Chenel. Encierro de toros de El Capea y Carmen Lorenzo (origen Murube-Urquijo). Mal presentados. Nobles y mansos. Flojos. Descastados. Todos lucieron crotales como si fueran ganado de carne. El primero sospechoso de pitones, nobilísimo y con trote cochinero: la tonta del bote, sin ningún aporte de emoción. El segundo, alto y escurrido, acobardado y sospechoso de pitones. El cuarto, anovillado, astifino, bajo, vasto y aspereza por el descaste. El quinto, bajo, acucharado, inválido. El sexto, bajo, vasto, cornivuelto y sospechoso de pitones, destartalado y descastado. Algo más de media entrada. Noche de canícula que no de cambio climático. Héctor Gutiérrez confirmó la alternativa y se llevó el trofeo como ganador de la Copa Chenel.
Terna: Alejandro Marcos, de La Fuente de San Esteban (Salamanca); de burdeos y azabache; nueve años de alternativa; un festejo en 2025, más los de la Copa Chenel de 2026; silencio y silencio tras un aviso. Héctor Gutiérrez, de Aguascalientes (México), de azul marino y oro, con cabos blancos; cuatro años de alternativa; un festejo en 2025, más los de la Copa Chenel de 2026; vuelta al ruedo y saludos. Manuel Diosleguarde, de Diosleguarde (Salamanca), de grana y oro, con cabos blancos; cuatro años de alternativa; cinco festejos en 2025, los de la Copa Chenel de 2026 y alguno más esta temporada; silencio y silencio tras un aviso.
Suerte de varas. No se cuidó demasiado que los toros estuvieran bien puestos para la suerte de varas. Desigual empleo de los hierros. Ni se les midió la bravura ni se les ahormó (a excepción del tercero). Por lotes: el primero y el quinto: poco picados por su condición floja y blanda. Hierros traseros y caídos. El primero sin empujar, se repucha en la segunda vara. El quinto se acuesta y pierde las manos al salir del primer encuentro, suelto tras el segundo. El segundo y el cuarto, claramente mansos. Hierros detrás de la cruz, caídos. Al segundo en la primera vara se le recetó metisaca y le faltó un tercer encuentro. El cuarto empujó en la primera vara y fue a una tercera en la que se acostó y se repuchó. Tercero y sexto: al tercero el hierro detrás de la cruz, tras la primera vara salió al capote y en la segunda suelto. Fue el mejor picado, por Espartaco. El sexto fue mal picado, con hierros traseros y caídos, respectivamente, metisaca y lanzazo; del primero salió sin pitón izquierdo, cercenado, del segundo perdiendo las manos. En este último toro ni Iván García logró ahormarle aunque le dio un excelente capotazo antes del tercer par de banderillas, pero no pudo culminar su empeño porque se apagó la lidia.
Cierto es que la actual empresa de Madrid está logrando que acuda más público a los festejos veraniegos de Las Ventas. Ayer La Monumental de Madrid lució una excelente entrada, a pesar de los rigores del clima en estas fechas centrales del verano. En cuestión de horarios el asunto podría mejorar si se trasladaran a las ocho de la tarde (ya sin el severo sol encima de la plaza), para poder disfrutar después de la conversación una vez terminada la corrida, y evitar que el reloj nos introduzca en la media noche sin darnos respiro. Los toros son civilización y la tertulia es recomendable. Uno de los temas centrales de las corridas del verano madrileño es el del ambiente que se genera antes, durante y después del festejo. Antes, con la elección de buenos carteles. En esto parece que la empresa está dispuesta a recuperar las corridas de toros en mayor número para que los toreros que padecen el «estar en el dique seco» puedan torear y resurgir de su condición periférica en el toreo. Por aquí vamos por buen camino. En el apartado de lo que sucede durante el festejo, se tiene que restablecer mucho, debido a que el nuevo público es desatento (la desatención que padece la sociedad en general) y no sigue los tercios de las lidias con la intensidad debida para crear esa atmósfera que convierte la afición a los toros en un territorio de aprendizaje. Este sendero hoy aparece virgen, pues el hilo de la enseñanza del aficionado se ha debilitado sobremanera. El aficionado de toda la vida está fatigado y es necesaria la renovación que, no dudamos, estará próxima. En el ahora se echa de menos la animación ilusionante y la emoción que crea una corrida de toros, mientras se disfruta de ella, basada en la observación y la minuciosidad. Es un camino que hay que volver a edificar. Y para lograrlo hay que trabajar y disponer el crisol. Por último, existe «el después del festejo», el espacio de la tertulia, en el que los aficionados veteranos sí encuentran el modo, alrededor de Las Ventas —son inveterados personajes de bares singulares— y los nuevos buscan su método para hablar de toros y se supone que lo irán encontrando a medida que su afición avance. No lo dudamos.
Respecto al tipo de festejo que la empresa nos presenta durante los veranos hay que destacar que se vislumbra esa recuperación de la corrida de toros, ya lo hemos comentado. Si bien todo es perfectible, pues parece que entre tanta Cena y tanta Copa, el cuidado de los carteles queda en un segundo plano. Tanto las novilladas como las corridas de toros deben subir de nivel anunciando a novilleros que tengan toreo que decir y a matadores de toros que realmente estén en la verdadera rampa de lanzamiento preparados para dar el salto a los carteles de las ferias. Tiene que haberlos. Y suponemos que la empresa, que dedica veinticuatro horas de cada día durante los trescientos sesenta y cinco días del año, a la labor de firmar contratos, está preparada para dar con las teclas que suenen en el tono adecuado y no desafinen. En definitiva, mejores carteles, lo que incluye buena elección de ganaderías. Ayer noche el encierro de los toros de Murube de El Capea deparó decepción. Una corrida mal presentada y con síntomas de ser un tipo de toro fabricado para el rejoneo que se movía sin alma, sin raza y sin casta, con trote de running, de bajo perfil y costo. Un espectáculo pobre. Por otra parte puede que un tipo de certamen como la Copa Chenel no deba acudir a Las Ventas. La plaza de Madrid no debe ser una suma de Copas, sino la arena de la verdadera batalla o faro del toreo como lo fue siempre. Hay que recuperar la seriedad en este aspecto, y el momento es excelente porque el público joven que acude a la plaza merece experimentar ese nivel de excelencia del Madrid de antaño que les transmita con certeza el mortal veneno de la afición taurina.
Los tres matadores de toros que alcanzaron la final de la VI Copa Chenel hacían el paseíllo con pocas corridas de toros como bagaje profesional. De esa manera es complicado dar el salto a la zona alta del escalafón. No entramos en el análisis de cualidades ni de condiciones, sino que una cosa es participar en la Copa Chenel y otra pisar el ruedo de Las Ventas con las garantías de éxito debidas. Aún así no todo fue negativo por parte de sus actuaciones. Héctor Gutiérrez posee un concepto clásico del toreo, curvo y con remate del mismo detrás de la cadera. Estuvo dispuesto. Le ponemos el pero en la manera de matar en la que buscó el alivio, y por esto dejó dudas sobre su valía. En el haber, algún natural de verdad, con temple y rematado abajo; y, sobre todo, una torera interpretación de la trinchera y de la trincherilla. Un pase con enjundia del gusto del aficionado venteño. Intervino en quites y dejó muestras de variedad con el capote. Ante su primer toro quiso torear con suavidad, pues el animal se le caía y le quitaba todo mérito a lo que estuviera haciendo. Planteó la faena alternando de mano, con clasicismo en el planteamiento. Lo mejor los cambios de mano, los remates, las trincheras y el trazo de algún pase fundamental. El toro no admitía más. Mató en la suerte contraria de estocada caída y dio la vuelta al ruedo. En el quinto de la noche mantuvo la misma actitud y proceder, ante un astado que por descaste y falta de fuerzas no admitía gobierno. Tuvo que machetear como cierre de faena porque el bóvido de El Capea no daba para más. Lo mató de bajonazo en la suerte contraria.
Alejandro Marcos no tuvo su noche. Dio la sensación que algo le sucedía y que su mente estaba en otro lugar lejano a Las Ventas. Tuvo el lote más fuerte que pedía ser domeñado —dentro de la blandura Murube— y Marcos no pudo darles esa lidia de sometimiento. Estuvo a merced de los astados. Habría que matizar que el descaste de los toros de El Capea, desrazados y bobalicones, no ayudaba a que hubiera gerencia en los trasteos. Faltó esa decisión de imponerse a las circunstancias de la noche ante ganado tan alejado de la bravura. No ahormó y se vio desbordado en ambos astados. Mató tras varios pinchazos a sus enemigos. En la suerte natural. De estocada a su primero y de estocada corta caída a su segundo.
Manuel Diosleguarde fue un quiero y no puedo. Quiso imponerse a sus dos toros pero lo hizo sin dar el paso adelante, sin cruzarse debidamente, dejando el toreo en la periferia —despegado— donde se diluye y se va por el sumidero del olvido. Diosleguarde tiene buen corte de torero lidiador. Con el capote se defendió correctamente durante toda la noche, dejando unas chicuelinas estimables en el tercero. A este toro le sacó una tanda con temple en redondo. Ligó un buen natural con el de pecho. Mató en la suerte natural de una estocada caída. En el sexto hizo un esfuerzo. Planteó la faena entre el tendido nueve y el uno, para ir desplazándose hacia los medios del tendido ocho. La inició por bajo. El toro perdía las manos, no pasaba por descaste. Diosleguarde quiso gobernarle con el compás abierto. Al natural toreó tirando del astado con largura. Quiso embarcarle. En redondo más apretado y menos largo. El toro se fue desentendiendo. Ayudados finales a dos manos, el de pecho, y garra en el empeño. Después mató planteando mal la suerte en la natural cuando el astado era manso. Pinchó en dos ocasiones. Finalmente lo mató en la suerte contraria al tercer intento de estocada que necesitó un descabello.
