sábado, 2 de mayo de 2026

Primer festejo de la Feria de la Comunidad. Carrusel de novillos madrileños para tres novilleros de la tierra. Los debuts en Las Ventas. Pepe Campos


 

PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Viernes, 1 de mayo de 2026. Tercera novillada de la temporada. Primer festejo de la Feria de la Comunidad. Mezcolanza de novillos de diferentes ganaderías madrileñas. En general nobles y descastados, a excepción del sexto de El Retamar, manso encastado. Aparentemente tres cuartos de entrada. Tarde primaveral luminosa.

Seis novillos de diferentes ganaderías madrileñas. Diáspora. Un carrusel. El primero de Guerrero y Carpintero, manso, noble y sonso. El segundo de  Caras Blancas del Carpio, manso, avivado con las banderillas, con movilidad. El tercero de Hermanos Sandoval, con trapío, gacho de cuerna, flojo, manso, descastado y soso, muy protestado. El cuarto de Ayuso, con trapío, abrochado de cuerna, flojo, manso. El quinto de Ángel Luis Peña, alto (cara alta), largo, escurrido, manso, sin celo. El sexto de El Retamar, bien presentado, manso, encastado, tardo. Todos los toros (y ganaderías) de origen Domecq; a excepción del sexto, de El Retamar, de procedencia Núñez (curiosamente el que dio mejor juego).

Suerte de varas: por poner un ejemplo de la deriva de la suerte, la del encastado sexto perpetrada por el caballero Borja Lorente. En la primera vara, el novillo es puesto en suerte y la puya cae detrás de la cruz, el astado pelea sin fijeza, en vara larga y sale al capote. En la segunda vara no es puesto en suerte, cae la puya trasera, se le receta metisaca y sale suelto. Es decir, a menos con perjuicio.

Terna: David López, de Colmenar Viejo (Madrid); de burdeos viejo y oro, con cabos blancos; de veinticuatro años; cinco paseíllos en 2025; silencio y silencio. Álvaro Serrano, de Navas del Rey (Madrid); de verde botella y oro, con cabos blancos; veintidós años; veinticuatro festejos en 2025; ovación y ovación tras dos avisos. Joel Ramírez, de Madrid; de tabaco y oro; veinte años; quince paseíllos en 2025; saludos y silencio tras aviso.


Nos viene a las mientes, observando el cartel de las dos novilladas de la Feria de la Comunidad de Madrid, aquello del significado de debutar en las Ventas para un novillero o para cualquier otro lidiador que se presenta (que torea por primera vez) ante el duro público «venteño». Sabemos de esta experiencia tan significativa en la vida taurina de un matador de novillos (o matador de toros). Hemos visto muchas a lo largo de nuestra vida de aficionados. Es un momento esperado para el torero y degustado por el aficionado. Siempre se recordará. Casi nunca suele caer en el vacío. La primera vez tiene eso, que no se olvida o no debiera olvidarse. Sin hacer literatura, ahora, podemos recordar —porque los hemos visto— «debuts» esplendorosos de toreros que dejaron su sello el día que hicieron el paseíllo en Madrid por primera vez. El más señero del último medio siglo, el de Pepín Jiménez (en 1981), que levantó a la cátedra como un resorte desbocado por su principesca tauromaquia; o aquél de Juan Mora (por los mismas calendas) cuando demostró poseer el don de la sabiduría y de la métrica; o más adelante, el de Enrique Ponce, un niño con tauromaquia de viejo; o el de Luis de Pauloba, de un clasicismo inmejorable; o, finalmente, por irnos a otros territorios posibles y razonables, el de Manolo Carrión, que bordó el toreo, cortó orejas y celebró al mismo tiempo su retirada. Etc. En definitiva, un sinfín de debuts de novilleros hemos presenciado, como aficionados en Madrid, y siempre hemos estado alerta ante este momento trascendental. Nos hemos ilusionado sin menoscabo cuando el atisbo de lo nuevo podía deparar lo mejor. La esperanza es un medidor y un acicate.


Ayer tarde dos novilleros hacían su debut, Álvaro Serrano y Joel Ramírez. El tercer novillero David López, había debutado en agosto pasado. De él se recordaba cierta actitud al abordar el toreo al natural; y en esta su nueva cita —ya veterana— se le vio retroceder, sin el atractivo de ser novedad. En suma, ser nuevo (como toreador) sólo se vive una vez. Por este motivo, nos fijamos más en Joel Ramírez, que era novel y más joven, doble apuesta y doblemente ventajoso, si bien, a pesar de ello, no dejó huella indeleble tras su primer paso por Madrid, sino todo lo contrario; se le recordará por una apuesta encimista, por querer sacar provecho de sus oponentes o novillos a base de cercanías, cuando lo cercano es como la palabra amiga, que parece que se la reconoce, pero en realidad equivoca y engaña. Pero si hacemos honor a lo sucedido y destacamos a quien actuó como un verdadero debutante (que lo era), hay que hablar de Álvaro Serrano que persiguió el triunfo desde el primer momento y que dejó muestras de calidad, de deseos, de maneras, de talento, y, cómo no, de deficiencias. El fiel de la balanza se inclinó hacia lo positivo, hacia la parte que suma; en primer término porque demostró saber andarle a los toros, algo que no se aprende en los mentideros (tentaderos) donde calientan la cabeza a los aspirantes a matadores de toros, y en segundo término porque atesoró calidad en pases tan toreros como la trincherilla y el de la firma, realizados cuando era menester, una vez dominado —o en camino de dominar— a los astados que le tocaron en suerte. Y, en tercer término —el número tres es el que da sentido a la tauromaquia— porque toreó con temple y hacia atrás de la cadera en naturales de enjundia ejecutados a su segundo enemigo al que pudo con la muleta. La imperfección sobrevino en algo preocupante, en el uso de la espada. Cruz de tantos buenos toreros que pudieron haber sido y no fueron.


Entrados en el análisis de lo sucedido, hay que comentar que David López, estuvo toda la tarde rutinario, algo vulgar, sin llevar los pases más allá de lo reglamentario, sin acabarlos. Su primer novillo se dejaba y él no supo correrle la mano, ni templarle. La colocación no fue mala; sino el emprendimiento. Lo mató en la suerte contraria, de dos pinchazos y una estocada trasera en la que fue zarandeado por el toro. En el cuarto, estuvo tranquilo ante un novillo que se revolvía, él muy encima, sin correr la mano, en un toreo plano. Lo pasaportó de una estocada caída, desprendida y delantera en la suerte contraría, y dos descabellos.


Álvaro Serrano, ante un Cara blanca, que desarrolló movilidad tras las banderillas, mostró imposición «de muleta» y le comió el terreno, le pudo, le dominó, mostró actitud. Mató en la suerte contraria, de pinchazo y de estocada caída. Al quinto novillo le aplicó una excelente brega al llevarle al caballo en las dos varas. En la faena de muleta, a más, le fue corriendo la mano, le templó en una despaciosa trinchera, y al natural le enjaretó dos excelentes muletazos ligados con el de pecho, repitió la apuesta, más un muletazo por bajo caro, y el de la firma; después se cruzó al natural y ligó el natural y el de pecho, más otro de la firma, y culminó con ayudados por alto raros de ver, pues parecían kikirikíes, sin serlo, un apunte, un atisbo de calidad. Mató catastróficamente, de siete pinchazos en la suerte contraria y un descabello.


Joel Ramírez, a su primer novillo lo recibió de rodillas; era un manso sin fuerza, soso; poco pudo hacer; no se le puede valorar; lo mató de un bajonazo en la suerte contraria. En el último novillo de la tarde, que embestía hacia adelante con pujanza, quiso encelarlo con la franela de rodillas hacia los medios; después, muy encima, ante un animal tardo pero que respondía en el momento de la verdad, no pudo entenderle. Lo mató en la suerte contraria, de una estocada haciendo guardia, un pinchazo y una estocada trasera, más dos descabellos.


El excelente banderillero Raúl Ruiz fue corneado en el muslo derecho por el sexto novillo al poner un par de banderillas con gallardía (25 cm).