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Francisco Javier Gómez Izquierdo
Tras la derrota del Burgos en Castellón por 3-1, en un partido en el que Ramis fue más "bloque bajo" que nunca, que además sustituyó a Lizancos y Curro aún con empate a uno en dos decisiones desafortunadas a mi parecer, y si encima el portero Cantero no tuvo su tarde y se metió el 2-1 que iba fuera, me dispuse a ver la final de Copa con el ánimo bajo y un picoteo de cosas de Barbate. A mi ya mala memoria, llegó aquel canto de "no pasa nada / tenemos a Arconada" que junto a tres riojanos escuché ante el televisor en un piso de Pamplona allá por el 87, cuando Jesús Gil llegó al Atleti finalista prometiendo a Futre, y en Zaragoza la Real Sociedad se llevó su Primera Copa del Rey -la segunda, porque la de 1909 también cuenta-, siendo la cuarta esta de anoche. La tercera fue la del COVID ante el Athletic.
Es como si la historia quisiera repetirse y ante el Atlético de Madrid correspondiese empate a dos y jugársela a los penaltis. En aquella Real del 87 aún jugaban héroes que yo admiré en Atocha en el 80: Zamora, Larrañaga, López Ufarte y sobre todo Arconada que inspiró aquel pareado cuando comenzó la tanda de penaltis en La Romareda. Desde muchacho tuve inclinación por la Real, yo creo que por las barbas de Arzac y porque Corcuera era de Pradoluengo. También por ver a Boronat con gafas, al primer futbolista que veía miope, gafoso yo desde niño. Era del Burgos y de la Real antes de sacar abono del Osasuna en mis tiempos pamplonicas y llevar cuarenta años en Córdoba. Me entristece ese aquelarre del comienzo de las finales cuando Athletic, Barcelona y por desgracia también la Real demuestran ese desprecio culposo al Rey, al himno y a todos los españoles acostumbrándonos indecentemente a esa falta de respeto y educación que campa por el país sin que la autoridad competente disponga medidas oportunas, al tiempo que se escandaliza por voces que gritan palabras de bastante menor gravedad. En fin...
El caso es que la Real ganó la copa como en el 87. Se repitió el guion de aquel año. Gol temprano como el de López Ufarte -en éste de Barrenetxea muchos espectadores aún estaban subiendo a la grada-. Dos a uno en el descanso a favor de los donostiarras y el 2-2 de Julián Álvarez que mejora con mucho al de Rubio antes de los 90 minutos. El fútbol es propiedad ya de las televisiones y a éstas les gusta mucho los penaltis porque la tanda tiene emoción y el héroe de las finales suele ser un portero y no los delanteros goleadores. El portero es el David y el papel de Goliat le corresponde al delantero y precisamente el poderoso ejecutor que los locutores no se cansaban de poner en el altar, Julián Álvarez fue el que marró ante Marrero, el Arconada del 2026. El sorprendente entrenador Pellegrino Mattarazzo mantuvo al portero reserva que suelen poner todos los entrenadores para la copa y le salió cara. Pareció un porterazo no sólo en los penaltis sino durante todo el partido y como suele ocurrir con los segundos porteros vascos no tardará en ser llamado por clubes que le subirán el sueldo. A Marrero le cantan como a Arconada y me alegró ver la cara de aquel porterazo en la esquina del palco de la Cartuja maniobrando con un móvil que yo creo le venía grande para retratar a su digno sucesor cuando daba la mano al Rey.
Me alegró el triunfo de la Real Sociedad, pero ya digo que estuve un poco mustio con el bajón de mi Burgos al que hasta ayer veía como equipo muy serio para aspirar al play off. Va el Castellón y nos cuela ¡¡tres goles!! Y es que no tenemos Arconadas ni Marreros.

