Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Mientras el ministro de la guerra inglés pide a los ingleses acaparamiento de efectivo, agua y latas de escabeche, el canciller alemán, cuando Audi emigra a América, dice que su mayor preocupación no es la economía alemana, sino el impacto de Rusia en Alemania, y no tiene cara Merz de estar al tanto del sueño de Dostoyevski en Dresde ante el cuadro de Lorrain.
–Si la mayoría de los hombres, las mujeres y los niños del mundo van a morir abrasados a causa de las bombas atómicas, la génesis de esa aniquilación seguramente deberá buscarse en las bocas de los cañones que hablaron en agosto de 1914 –avisa Barbar W. Tuchman en “Los cañones de agosto” (1962), del que el presidente Kennedy entregó un ejemplar al primer ministro británico Macmillan para que los dirigentes mundiales evitaran cometer los errores que condujeron al estallido de la Gran Guerra.
Tuchman recuerda que el año 1914 estaba envuelto en un aura que hacía que todo aquel que la percibiera sintiera compasión por la humanidad. Como ahora (salvo en España, donde la única preocupación nacional es qué dama de honor ocupará la vicepresidencia del gobierno –¿Yoli, Cayetana, Montse?– después de las votaciones de noviembre, el mes de los muertos).
Cuando los liberales ingleses llegaron al gobierno, colocaron de secretario de la Guerra a Richard Haldane, abogado y filósofo (había estudiado en Gotinga, por lo cual sería acusado luego de germanófilo), y era de tal modo las dos cosas que cuando los elementos militares del Gabinete le preguntaron qué clase de ejército preveía él, contestó:
–Un ejército hegeliano.
La conversación terminó en este punto, anotaría en sus memorias. Y de la incompetencia criminal de 1914 como tragedia a la incompetencia criminal de 2026 como farsa, según el célebre aviso de Marx sobre una lectura del filósofo predilecto de Haldane: “Hegel dice, en alguna parte, que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se repiten dos veces. Pero se olvidó de agregar: la primera, como tragedia, y la segunda, como farsa”.
¿De dónde saca hoy Merz un “ejército hegeliano” para sus cosas? En Hegel, lo Ideal y lo Real son dos aspectos del mismo Ser, que es el Absoluto. Lo Ideal, para Merz, sería que los marines le hicieran el trabajo, pero no van a hacerlo, pues están ocupados recogiendo los pedazos del Globo Terráqueo de Eisenhower que el manazas de Hegseth ha hecho añicos al llevárselo a su despacho. Así que a Merz sólo le queda lo Real, que es que pidió trescientos mil voluntarios y sólo se han presentado doscientos cincuenta. Volvemos a “Los cañones de agosto”:
–En el Almirantazgo, jugaron al bridge después de la cena. Un correo entró una caja roja. Churchill sacó una llave de su bolsillo y la abrió, sacó una hoja y leyó una sola línea: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia”.
[Martes, 27 de Octubre]
