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martes, 17 de mayo de 2011

Las Ventas. La tarde de los Flor de Jara, con la mosca en lo de Gallito

Morante y su Cuvillo

José Ramón Márquez


Pensaba esta mañana que en realidad lo de ayer, lo de los Cuvillo, era un fino homenaje a la Historia, que hay gente que el romanticismo les lleva a estas cosas. ¿Qué mejor forma de homenajear a Gallito en el octogésimo primer aniversario de su peor bronca en Madrid, a costa del ganado, que traer otra birria de corrida como aquella de doña Carmen de Federico? Ésa es la explicación de lo de ayer y no, como dicen por ahí, que si el veterinario de guardia es pariente de los empresarios de Toledo y no se va a enfrentar a lo que se le ordene, que si el Presidente no chana mucho del asunto taurómaco, que si los manejos entre corrales de Curro Vázquez, que si las cosas del Cuvillo. Nada de todo eso. Pura afición de la buena y el más íntimo homenaje de la empresa al coloso de Gelves, sólo para quien lo entienda.

Hoy teníamos la novillada de Flor de Jara, antes Bucaré, antes Joaquín Buendía. Puro Santacoloma. Hace cuatro años la adquirió Carlos Aragón Cancela, a quien precisamente la tremenda cornada de un santacoloma quitó del toreo, y en Colmenar Viejo, vieja tierra de toros de Aleas, de Martínez, de Victorino, es donde la tiene.

Corrida de impecable presentación, muy pareja, bonita, con mucha más plaza que cualquiera de los del día anterior: cárdenos, negros y uno con una inusual capa berrenda en cárdeno oscuro, de los que dos se fueron al desolladero acompañados por las agradecidas palmas del público. Corrida encastada sin la fiereza de la de Escolar, pero con la exigencia del toro que no se deja hacer de todo impunemente, que no perdona los errores, que demanda de su matador poder y colocación y que a cambio pone en el ruedo la vibración de su embestida alegre de toro, no de mona. Toros para toreros que llegaron a la muerte con las bocas cerradas, corrida de toros en la inmensa mayoría de las plazas de España y de América.
Los encargados de dar fin de los pupilos de Aragón Cancela fueron Manuel Larios, Jiménez Fortes y Víctor Barrio.

Manuel Larios se vino a Madrid con lo que tenía, un vestido grana y oro con unos bordados estrafalarios y poco más. El hombre no se enteró de las condiciones de sus toros y planteó sus faenas a la moderna, pero no era eso lo que los novillos demandaban. No sé quién le puso en Madrid ni por qué, pero parece que vino a ver si le salía algo a lo que agarrarse para seguir en esto un poco más. Lo que le salió fueron dos novillos que pedían más mando y más claridad de ideas y otro que mató por Jiménez Fortes, que fue el más tonto del encierro, y ni a los primeros les puso el poder, el mando, la colocación y la distancia que demandaban, ni al segundo le dio la lentitud y el gusto que pedía.

A Jiménez Fortes su primer novillo le dio la del pulpo. El toro Timonero, número 4, le atropelló dos o tres veces y en una de ellas le dejó una cornada menos grave que le impidió salir en su segundo. Lo que presentó el malagueño, hijo de subalterno y apoderado por el matador salmantino Julián Guerra, fueron unas correctas verónicas en el saludo de su toro y muy poco más, porque los defectos de colocación, el estar todo el tiempo descubierto y a la merced del toro puede que le sirva para los toros bobalicones, pero a poco de otra cosa que tenga el toro ocurre lo que hoy le pasó al torero, que entre atropellos y desarmes se le fue el rato y luego se tuvo que ir a la consulta de Padrós.

Víctor Barrio se pidió la corrida ésta. Eso es un mérito. Trae una cuadrilla de lujo. Eso es otro mérito. Viene a Madrid con vitola de novillero de gran proyección. Saluda a sus dos toros en el platillo, igual que hizo en la pasada feria de Otoño. El primero le destroza el capote, le rebaña la pernera de la taleguilla y le acosa corriendo hasta que Barrio se tira de cabeza al callejón. La diferencia entre el toro y la mona, de nuevo ahí. Luego, con la muleta, plantea también la faena en los medios. Hace galopar al toro y traza muletazos mandones entendiendo bien al novillo. Demuestra ambición, ganas y seriedad. En su segundo hace una faena menos comprometida, más al gusto moderno, por fuera y haciendo moverse al toro, lo que excita enormemente a los tendidos, faena de humo con poco toreo y mucho artificio que va un poco a menos y que remata con una deplorable estocada muy baja. Deja muy buen cartel para su segunda comparecencia en esta feria, con novillos de El Ventorrillo. Ese día no podrá contar con la emoción que a su toreo le regalaban las embestidas de los benitezcubero y podremos ver de forma más descarnada al torero.

Decíamos que es un lujo la cuadrilla que trajo Víctor Barrio. Miguel Martín puso dos estupendos pares al toro Callejón, número 42, sexto lidiado en quinto lugar. Alberto Zayas, que iba de tercero, también dejó un gran par al toro Napoleón, número 9, lidiado en tercer lugar. Y sobre todo el gran picador Luciano Briceño dio en el toro Napoleón una magnífica clase de cómo se pica, de cómo se monta, de la manera en que se agarra el palo, de la forma de detener y de dar la salida al toro, es decir de la manera en que se hace la suerte de varas. Para él fue la más fuerte ovación de la tarde, para su torería de magnífico jinete y para su decencia de gran picador de toros. Tomar al toro de lejos, ofrecerle el pecho del caballo, alegrar la embestida, echar el palo, clavar en el sitio y sujetar al toro puede ser algo tan bello y muchísimo más emocionante que una serie de redondos de esos que excitan a las gentes, pero por desdicha es algo que se ve muy de tarde en tarde. Dudo que en lo que resta de feria haya quien supere a Briceño en varas.
Por el lado contrario, hoy tomaron el camino del oprobioso olivo José Miguel Flores en sus dos pares, Martín Blanco en uno y David Oliva en otro, este último acaso por la afinidad fonética con su apellido.