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martes, 12 de abril de 2011

El Trust Antitaurino se viste de largo

El cielo abierto para los culteros del toreo

José Ramón Márquez

Lo llevábamos cantando desde hace un mes, y ahora ya es por fin oficial: el ‘trust’ ha sido parido de forma fehaciente por la coyunda de Protauni y Taura, las dos asociaciones de matadores. Ahora lo que vislumbramos con nitidez en el horizonte es la permanente almendrejada, la brihuegada de los toros sin toros, sin presidentes, la ansiada autogestión de los taurinos, yo me lo guiso yo me lo como, lo que tan preclaramente anunciaba el otro día Julián el intrépido en Sevilla.
Si ellos son los que saben de los toros, pues lo mejor es que ellos se lo monten sin interferencias de extraños, policías, aficionados, ganaderos íntegros, toreros machos, ¿quién necesita todo eso?, si ellos, como Frank Zappa, están en esto por el dinero.

Ahora el trust, el Matrix, comenzará a cerrar sus carteles, y cerrar aquí significa ‘blindar’, excluyendo a las ganaderías que no les placen, a todo lo que no venga del innombrable o les haya dado suficientes muestras de estupidez, de memez, de blandura, de falta de trapío, de estulticia, de todo eso a lo que ahora les ha dado por llamar ‘bravura’, como para merecer que sus romos pitoncillos sean acariciados por las muletas de los integrantes de este trust de la desvergüenza torera. ¿No querías cultura? Pues toma un bidón, Nicolás.

II

Pero es que en Madrid, para el domingo de Ramos, están anunciados tres don nadie, que vienen a dar cuenta de una potente corrida de Mari Camacho que, por causas que ignoro, es posiblemente la ganadería a la que más asco tengo de cuantas pueblan las dehesas de España. Tres matadores que suman treinta y una corridas en el año pasado, hacen la hombrada, la gesta, de venirse a Madrid, primera corrida de toros de la temporada, con las fieras corrupias de Mari Camacho, si es que acaso esas excrecencias de la ganadería brava tienen la chamba de pasar el reconocimiento.

III

O sea, que ni por arriba ni por abajo, que aquí, salvando tan honorabilísimas como escasas excepciones, da la impresión de que lo que no quieren estos de la Industria Cultural del Torero, los de arriba, los de abajo, los de enmedio, es precisamente, que un toro de casta y de poder se cruce en su camino.