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jueves, 1 de octubre de 2009

EL MAL BAJÍO DE LOS ARTISTAS




José Ramón Márquez

Morante, Morante, ¿por qué nos abandonas? ¡Hay que ver cómo son los artistas! Uno con una cornada de caballo dice ‘doctor, aquí hay dos trayectorias, una para arriba y otra…’. Otro, con otro cornadón, sin soltar la espada, se perfila y entra a matar para luego irse cojeando a la enfermería. A otro, con la pierna destrozada, lo tienen que agarrar entre siete para llevárselo a las manos del doctor Padrós. Morante, Morante… ¿Cómo llegaste a Morante? ¿Quién hizo el marketing que llevó a esta alma sin otros merecimientos que sus atisbos y su –entornemos los ojos- ‘calidad’ al olimpo del arte y de los artistas junto al que pintó la cueva de Altamira, junto a Velázquez , junto al de los graffitis de Leganés?

Morante, Morante… el dedito malito y te vas de Barcelona. El dedito malito... y que si te vas o no te vas de Madrid. ¿Qué te queda, Morante, Morante? Subir al borriquillo tan blando por fuera que se diría todo de algodón, cargarle de botellines y echarte a los caminos de La Puebla, quizás hacia el arroyo de Majaberraque o a la Corta de la Isleta o hacia el arroyo del Río Viejo, con tu Cruzcampo en una mano y el ramal en la otra, pensando: “¡Qué mal bajío! ¿Un minuto de silensio por quién? ¡Si por lo menos fuese un artista! ¡Y con lo que duele el deo, que ni agarrar el botellín pueo!”