
Ariel Ruiz Picot
Este título no es del todo correcto. Hubo una vez, hace no mucho tiempo, cuando el Rock no era del todo una aberración... Nos remontamos a los tiempos en los que Bill Gates no sabía qué hacer con su vida y lo de Obama se hubiera considerado un chiste facilón, de esos que hacen gracia por lo obvios que son. Imagina que aparece un señor peludo, barbudo, alto, con cara de bonachón, vestido con toga y una corona de luz tras su cabeza. Hombre, lo primero que pensarás es que se trata de Eric Clapton cuando era jovencito, pero imagínate que se trata de Dios.
Ahora, pongamos que este Dios estándar fabrica dos mundos. Llamaremos al primero de ellos A, y al segundo B. En el primer mundo (el A), Dios creará ríos de cocacola light, lo llenará todo de chicas de catorce años, que más vale no calificar de chicas, sino de trocos, y la banda sonora de este mundo será el punk-pop-rock-bocadillodesopa actual. En el mundo B, Dios decide que los ríos serán de Jack Daniel´s, que las chicas serán fáciles y hermosas, y que la banda sonora será el Rock de los 70.s (seventys, setentas, bla, bla, bla...).
Volvamos al mundo A, y observemos detenidamente cómo los trocos, aparte de, ya de por sí, sufrir la maldición de ser lo que son, piensan que son “guays”, que “están en el rollo”, que... qué se yo. Aparte de trocos, son engreídas. Los ríos de cocacola afectan a los jóvenes, puesto que tanta hiperactividad que sólo pueden exteriorizar viendo a todas horas la MTV necesita salir por otras vías, comenzando así a coger nuevos vicios para matar el tiempo, como cortarse las venas, llorar por la ex-novia de cuando tenían doce años, o ir a manifestaciones por cosas tan interesantes como las ballenas o Bolonia (¿alguien sabe qué es eso?)... En el mundo B, gracias a la música y a los ríos de Juan Daniel, la gente empieza a bailar, a divertirse, las chicas hermosas y fáciles se vuelven más hermosas y fáciles, y los trocos ya no parecen trocos.
Por supuesto, como en todas partes, había una estratificación social en los dos mundos.
En el mundo A, había muchas clases o niveles sociales: estaban los que se habían hecho un piercing, los que eran guays porque odiaban a sus padres, los que llevaban el pelo tapando un solo ojo....
En el B, sin embargo, sólo había dos clases: privilegiados y los pringaos . Por supuesto, la primera pertenecía a un estamento formado por las estrellas, al que no sólo las estrellas en sí pertenecían, sino también otros afortunados, como las groupies, los managers, los de las discográficas... Luego estaban los pringaos, de los que hay varios tipos: desde los bajistas de los grupos(de los que nadie recuerda el nombre) hasta los fans (que curran de lunes a viernes para gastarse el sueldo el sábado en las entradas del concierto de AC/DC).
El mundo A fue fácil de hacer funcionar, puesto que bastaba con poner un videoclip mil veces al día en la MTV para que todos los adolescentes compraran discos y fueran a los conciertos. El mundo B salió mucho menos rentable, pese a ser mucho mejor, puesto que, al igual que la miel no esta hecha para los borregos, el Rock nunca gustó a las masas, y nunca abarcó de forma masiva los medios (excepto en esporádicos casos de gloria). Fue por ello que este Dios decidió que le proporcionaba muchos más beneficios el mundo A que el B, por lo que empezó a sustituir el Jack Daniels por cocacola, las mujeres bellas por fetos marineros y la buena música por los últimos éxitos de los cuarenta principales. Así, poco a poco, consiguió infectar por completo el mundo B hasta convertirlo en una maldita réplica mutante del mundo A, pero, sin saber por qué, la gente lo seguía reconociendo como el mundo B y lo llamaba Rock n roll. Y así, señores, es como el Rock se ha convertido en lo que es. Una estafa.
Este título no es del todo correcto. Hubo una vez, hace no mucho tiempo, cuando el Rock no era del todo una aberración... Nos remontamos a los tiempos en los que Bill Gates no sabía qué hacer con su vida y lo de Obama se hubiera considerado un chiste facilón, de esos que hacen gracia por lo obvios que son. Imagina que aparece un señor peludo, barbudo, alto, con cara de bonachón, vestido con toga y una corona de luz tras su cabeza. Hombre, lo primero que pensarás es que se trata de Eric Clapton cuando era jovencito, pero imagínate que se trata de Dios.
Ahora, pongamos que este Dios estándar fabrica dos mundos. Llamaremos al primero de ellos A, y al segundo B. En el primer mundo (el A), Dios creará ríos de cocacola light, lo llenará todo de chicas de catorce años, que más vale no calificar de chicas, sino de trocos, y la banda sonora de este mundo será el punk-pop-rock-bocadillodesopa actual. En el mundo B, Dios decide que los ríos serán de Jack Daniel´s, que las chicas serán fáciles y hermosas, y que la banda sonora será el Rock de los 70.s (seventys, setentas, bla, bla, bla...).
Volvamos al mundo A, y observemos detenidamente cómo los trocos, aparte de, ya de por sí, sufrir la maldición de ser lo que son, piensan que son “guays”, que “están en el rollo”, que... qué se yo. Aparte de trocos, son engreídas. Los ríos de cocacola afectan a los jóvenes, puesto que tanta hiperactividad que sólo pueden exteriorizar viendo a todas horas la MTV necesita salir por otras vías, comenzando así a coger nuevos vicios para matar el tiempo, como cortarse las venas, llorar por la ex-novia de cuando tenían doce años, o ir a manifestaciones por cosas tan interesantes como las ballenas o Bolonia (¿alguien sabe qué es eso?)... En el mundo B, gracias a la música y a los ríos de Juan Daniel, la gente empieza a bailar, a divertirse, las chicas hermosas y fáciles se vuelven más hermosas y fáciles, y los trocos ya no parecen trocos.
Por supuesto, como en todas partes, había una estratificación social en los dos mundos.
En el mundo A, había muchas clases o niveles sociales: estaban los que se habían hecho un piercing, los que eran guays porque odiaban a sus padres, los que llevaban el pelo tapando un solo ojo....
En el B, sin embargo, sólo había dos clases: privilegiados y los pringaos . Por supuesto, la primera pertenecía a un estamento formado por las estrellas, al que no sólo las estrellas en sí pertenecían, sino también otros afortunados, como las groupies, los managers, los de las discográficas... Luego estaban los pringaos, de los que hay varios tipos: desde los bajistas de los grupos(de los que nadie recuerda el nombre) hasta los fans (que curran de lunes a viernes para gastarse el sueldo el sábado en las entradas del concierto de AC/DC).
El mundo A fue fácil de hacer funcionar, puesto que bastaba con poner un videoclip mil veces al día en la MTV para que todos los adolescentes compraran discos y fueran a los conciertos. El mundo B salió mucho menos rentable, pese a ser mucho mejor, puesto que, al igual que la miel no esta hecha para los borregos, el Rock nunca gustó a las masas, y nunca abarcó de forma masiva los medios (excepto en esporádicos casos de gloria). Fue por ello que este Dios decidió que le proporcionaba muchos más beneficios el mundo A que el B, por lo que empezó a sustituir el Jack Daniels por cocacola, las mujeres bellas por fetos marineros y la buena música por los últimos éxitos de los cuarenta principales. Así, poco a poco, consiguió infectar por completo el mundo B hasta convertirlo en una maldita réplica mutante del mundo A, pero, sin saber por qué, la gente lo seguía reconociendo como el mundo B y lo llamaba Rock n roll. Y así, señores, es como el Rock se ha convertido en lo que es. Una estafa.
